LECTURA DEL DÍA | El Sáhara Occidental: propaganda, derechos humanos y una vida en peligro

10 de julio de 2026 | La cooperación académica utilizada para normalizar la ocupación, la ausencia de observadores internacionales y la alarma por Naâma Asfari señalan el fondo de la jornada

EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

La actualidad del Sáhara Occidental dejó ayer muchas noticias, pero tres de ellas permiten leer con claridad el momento presente. No son asuntos separados. Hablan de la estrategia marroquí para presentar la ocupación como una realidad normalizada, de la falta de vigilancia internacional que facilita la represión y de las consecuencias humanas que ese silencio provoca sobre los presos políticos saharauis.

La primera señal llega desde el ámbito universitario. El viaje del rector de la Universidad de La Laguna a Dajla y El Aaiún ocupados ha sido presentado como una iniciativa de cooperación académica, pero la prensa marroquí lo ha celebrado abiertamente como una victoria política frente al Frente Polisario. Ahí está la clave: cuando una institución pública española acepta nombrar como marroquíes dos ciudades del Sáhara Occidental y participa en actos organizados bajo el marco territorial impuesto por Rabat, la supuesta neutralidad termina sirviendo a la propaganda de la potencia ocupante.

La segunda noticia explica por qué esa normalización puede avanzar con tan poco coste. La tercera entrega de nuestra LECTURA IMPRESCINDIBLE sobre el informe de la ELDH recuerda que el Sáhara Occidental continúa sin un mecanismo internacional permanente e independiente de observación de los derechos humanos. La MINURSO sigue sin ese mandato y Marruecos mantiene las restricciones de acceso al territorio ocupado. Sin observadores, la represión se documenta con enorme dificultad; y lo que no se ve resulta más fácil de negar, minimizar o convertir en propaganda.

La tercera noticia tiene nombre propio y exige una respuesta inmediata: Naâma Asfari. Tras más de un mes en huelga de hambre, el Consejo Nacional Saharaui y organizaciones de derechos humanos han responsabilizado al Estado ocupante marroquí del grave deterioro de su salud y han reclamado la intervención urgente de Naciones Unidas. Su situación no puede reducirse a un episodio penitenciario. Asfari forma parte del grupo de presos políticos de Gdeim Izik, convertido desde hace años en símbolo de las condenas políticas, el alejamiento familiar y las condiciones de encarcelamiento denunciadas por el movimiento saharaui.

Las tres noticias muestran una misma secuencia. Primero se intenta borrar la condición ocupada del territorio mediante universidades, instituciones, festivales o proyectos económicos. Después se impide una observación internacional efectiva de lo que sucede sobre el terreno. Finalmente, cuando un preso político pone su vida en riesgo para denunciar las condiciones de su encarcelamiento, la comunidad internacional vuelve a ser llamada a intervenir tarde y desde fuera.

EL OBSERVADOR SAHARAUI (enlace)

EL OBSERVADOR SAHARAUI completó esta fotografía siguiendo otras señales de la jornada: las protestas de familiares de los presos de Gdeim Izik en Rabat, la exclusión del Sáhara Occidental de determinados espacios públicos españoles, la utilización política del Mundial de 2030 y la forma en que incluso una historia relacionada con el Sáhara puede ser publicada borrando el territorio del titular.

Su función vuelve a ser precisamente esa: reunir noticias que, contempladas por separado, pueden parecer menores, pero que juntas revelan una estrategia sostenida de normalización marroquí y de desaparición del pueblo saharaui del relato público. Frente a esa operación, nombrar correctamente el territorio, señalar la ocupación y conservar cada testimonio también es una forma de resistencia.

SAHARA PRESS SERVICE (enlace)

Sahara Press Service puso el foco principal en la emergencia de Naâma Asfari. Tanto el Consejo Nacional Saharaui como distintas organizaciones saharauis de derechos humanos reclamaron una intervención urgente de Naciones Unidas para proteger su vida y responsabilizaron a Marruecos de las consecuencias de su prolongada huelga de hambre.

La agencia saharaui también recogió la continuidad de las condenas al rodaje cinematográfico en Dajla ocupada y el homenaje ofrecido en Italia a los pequeños embajadores saharauis de la paz. Dos planos muy distintos —la denuncia de la utilización cultural del territorio ocupado y la solidaridad con los menores de los campamentos— que vuelven a demostrar que la causa saharaui sigue presente más allá del bloqueo diplomático.

La lectura de hoy deja, por tanto, una advertencia difícil de ignorar: la ocupación no se normaliza únicamente mediante decisiones gubernamentales. También avanza cuando universidades, instituciones culturales y medios de comunicación aceptan el lenguaje de Marruecos; cuando no existen observadores internacionales; y cuando la vida de un preso político puede deteriorarse durante semanas sin que Naciones Unidas intervenga.

El Sáhara Occidental necesita menos declaraciones rituales y más protección efectiva. Y Naâma Asfari necesita una actuación urgente, antes de que la comunidad internacional vuelva a llegar demasiado tarde.