
La actualidad de las últimas horas volvió a recordar que la causa saharaui sigue abierta en muchos frentes: la solidaridad sindical, la denuncia del expolio, los ataques marroquíes en los territorios liberados y la batalla diaria por mantener viva la memoria.
El Sáhara Occidental rara vez aparece en la agenda informativa dominante, pero eso no significa que no ocurran cosas. La jornada de ayer volvió a demostrarlo. Mientras Marruecos intenta presentar la ocupación como una realidad cerrada, siguen acumulándose noticias que apuntan en otra dirección: solidaridad internacional con el pueblo saharaui, denuncias sobre el expolio de sus recursos naturales, ataques en los territorios liberados y actividad institucional de la República Saharaui en distintos espacios africanos e internacionales.
La noticia más grave de la jornada, sin embargo, fue la denuncia de un nuevo ataque con dron marroquí contra civiles en los territorios liberados del Sáhara Occidental. No puede tratarse como una información secundaria. Cuando el Ejército saharaui, en el marco de la guerra reanudada tras la ruptura del alto el fuego, ataca posiciones militares marroquíes, se multiplican las condenas, las alarmas diplomáticas y los comunicados de preocupación. Incluso España ha llegado a emitir notas de condena cuando los efectos de la guerra han afectado a zonas bajo ocupación marroquí. Pero cuando Marruecos utiliza drones contra territorio saharaui, el silencio vuelve a imponerse. Esa doble vara de medir no es neutralidad: es una forma de normalizar la violencia de la potencia ocupante.
En NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL, la noticia sobre el respaldo de movimientos sindicales latinoamericanos y europeos en Ginebra recordó que la causa saharaui sigue presente en espacios sociales y populares fuera de los despachos diplomáticos. También publicamos el TEMA DEL DÍA | El expolio de los recursos naturales saharauis no es un asunto secundario, una reflexión necesaria porque el saqueo de los recursos del Sáhara Occidental no es un asunto económico aislado, sino una pieza central de la ocupación. Junto a ello, la memoria visual dedicada a un plato de lentejas en los campamentos saharauis permitió mirar la causa desde otro lugar: la vida cotidiana, la hospitalidad, los recuerdos y esa dignidad que no cabe en los comunicados oficiales.
En EL OBSERVADOR SAHARAUI, lo más significativo fue precisamente ese breve sobre el nuevo ataque con dron marroquí contra civiles en los territorios liberados del Sáhara Occidental. La noticia vuelve a poner sobre la mesa una realidad que demasiados medios prefieren ignorar: la guerra no ha desaparecido, aunque se intente borrar del relato público. También se recogió la publicación en Noticias de Navarra de una tribuna de Carlos Cristóbal sobre la excepción saharaui en derechos humanos, centrada en el silencio español ante las violaciones cometidas en los territorios ocupados. Y se publicó una lectura sobre el entorno de Mohamed VI y las dudas acerca de una posible visita oficial a Francia antes del final del mandato de Macron, un síntoma más de que la diplomacia marroquí no siempre se mueve con la seguridad que pretende aparentar.
Por su parte, Sahara Press Service destacó varias noticias de interés: el respaldo del 6º Foro Sindical Latino a la justa causa del pueblo saharaui, la intervención del presidente del Consejo Nacional Saharaui sobre la necesidad de desarrollar el discurso nacional ante las exigencias de la guerra de liberación, la participación de la República Saharaui en una reunión de ministros africanos del sector deportivo y cultural, y la felicitación al nuevo presidente del Parlamento de Uganda. Son informaciones distintas, pero todas muestran que la República Saharaui mantiene presencia política, institucional y diplomática pese a los intentos de Marruecos de reducir la cuestión saharaui a un expediente cerrado.
La lectura de conjunto es clara: el Sáhara Occidental no puede explicarse solo desde la diplomacia ni desde los silencios interesados. Hay ocupación, hay recursos expoliados, hay civiles atacados, hay derechos vulnerados, hay memoria, hay cultura y hay solidaridad internacional. Y también hay una guerra que algunos solo parecen ver cuando conviene al relato marroquí. Por eso conviene seguir mirando cada día. Porque lo que se publica, lo que se denuncia y lo que se recuerda sostiene una verdad básica: el pueblo saharaui no ha desaparecido y su derecho a la autodeterminación sigue pendiente.