Ceuta: Sánchez señala a Rusia e Israel mientras el Sáhara Occidental y Argelia desaparecen del relato, y Marruecos queda fuera de toda responsabilidad

Sánchez Ceuta Sáhara Occidental

Marruecos queda fuera de cualquier responsabilidad según la información de inteligencia que maneja el Gobierno y aparece, por el contrario, como socio imprescindible para resolver la crisis. Cuando Sánchez busca actores o intereses que pudieran haber contribuido a alimentar la desinformación, mira hacia Rusia, Israel y las redes internacionales de extrema derecha. El Sáhara Occidental, cuyo conflicto ya estuvo directamente relacionado con una anterior crisis fronteriza en Ceuta, desaparece. Y también desaparece Argelia, pese a que apenas diez días antes Sánchez había viajado a Argel para escenificar una nueva etapa de aproximación entre ambos países.

Carlos C. García – Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Pedro Sánchez ha dedicado este lunes una parte importante de su primera entrevista del curso político, en Hoy por Hoy de la Cadena SER, a explicar la crisis de Ceuta. Ha hablado de los informes del CNI, de la magnitud inesperada de la entrada de alrededor de 70.000 personas, de las organizaciones criminales, de los bulos difundidos en las redes sociales, de la necesidad de cooperación europea y, naturalmente, de Marruecos. Pero ha habido dos ausencias especialmente llamativas para quienes seguimos desde hace años la relación entre Madrid, Rabat y Argel: el Sáhara Occidental no ha aparecido en ningún momento y tampoco el reciente acercamiento de España a Argelia.

Sobre Marruecos, Sánchez ha sido inequívoco. Aseguró que no existe información procedente de las Fuerzas de Seguridad, del CNI o de otros servicios de inteligencia que permita albergar dudas sobre una participación de las autoridades marroquíes en lo ocurrido. Al contrario, calificó de «francamente positiva» la cooperación con Rabat y recordó el despliegue realizado por Marruecos una vez desencadenada la crisis. Para el presidente, desconfiar ahora del vecino del sur no ayudaría a resolver la situación, porque sin su colaboración la crisis de Ceuta sería todavía más difícil de gestionar.

Resulta particularmente llamativo lo que ocurre cuando la entrevista pasa de Marruecos a buscar otras posibles interferencias exteriores. Sánchez afirma que parte de la desinformación circuló por redes «asociadas tanto a Rusia como a Israel» y a una internacional ultraderechista que utilizaría la migración para atacar no solo a España, sino también a Europa. Más adelante vuelve sobre la idea preguntándose qué interés tendrían Rusia o Israel en intervenir en esa desinformación y relacionándolo con posiciones internacionales del Gobierno español, entre ellas Gaza. Conviene precisar que Sánchez no afirmó que los gobiernos ruso e israelí hubieran organizado la entrada de migrantes y añadió que estas actuaciones no tienen necesariamente que proceder de un actor estatal. Pero sí introdujo expresamente a Rusia e Israel en el mapa de posibles intereses que rodean la campaña de desinformación.

En ese mapa, sin embargo, no aparece el Sáhara Occidental. Tampoco Aimar Bretos pregunta por él. Y la ausencia resulta difícil de considerar irrelevante cuando existe un precedente tan cercano como el de mayo de 2021. Entonces, el Parlamento Europeo afirmó expresamente que Marruecos había utilizado el control fronterizo y la migración como instrumento de presión política contra España y relacionó aquella crisis de Ceuta con la decisión española de hospitalizar al presidente saharaui Brahim Ghali. Aquella resolución recordó además que el trasfondo diplomático incluía la posición española respecto al Sáhara Occidental.

Cinco años después, la explicación ofrecida por Sánchez elimina completamente esa dimensión. No se plantea durante la entrevista si la política española sobre el Sáhara Occidental, el equilibrio de las relaciones con Rabat o la evolución de la posición española desde 2022 pueden formar parte del contexto político en el que se produjo una movilización de dimensiones extraordinarias desde territorio marroquí. No significa que cualquiera de esos elementos demuestre por sí mismo una responsabilidad de Marruecos en los acontecimientos de julio. Significa algo más sencillo: ni siquiera entran en las preguntas que se hacen para intentar comprenderlos.

Y ocurre algo semejante con Argelia. Pedro Sánchez estuvo en Argel el pasado 20 de julio, apenas diez días antes de la entrada masiva en Ceuta, en una visita destinada explícitamente a abrir una nueva etapa de las relaciones bilaterales con el presidente Abdelmadjid Tebboune. España y Argelia anunciaron entonces una Reunión de Alto Nivel para octubre y el Gobierno español destacó la voluntad de reforzar el diálogo político y la cooperación en materias tan sensibles como migración y lucha contra el terrorismo.

No existe una prueba que permita convertir aquella visita en causa de lo ocurrido después en Ceuta, y sería irresponsable afirmarlo. Pero precisamente por eso cabía la pregunta: si el acercamiento de España a Argelia, rival estratégico de Marruecos y principal aliado regional del Frente POLISARIO, había sido analizado por el Gobierno como uno de los elementos del contexto político previo a la crisis. Sánchez no lo aborda y Bretos tampoco se lo pregunta.

Para quienes observamos la política española hacia el Sáhara Occidental desde hace años, cuesta aceptar que la relación triangular entre España, Marruecos y Argelia, con el territorio saharaui siempre en medio, haya dejado repentinamente de ser una parte pertinente del contexto.