VACACIONES EN PAZ 2026 | A la espera de un verano de emociones | El Diario Vasco

VACACIONES EN PAZ 2026 | A la espera de un verano de emociones | El Diario Vasco

Vacaciones en paz. Tadamum anima a las familias bidasotarras a participar en el programa de acogida estival a niños y niñas saharauis

Joana Ochoteco

Más de 50 grados y un sol que quema se suman a la escasez de agua y alimentos. Es la realidad, cada verano, de Tindouf, en Argelia. El programa ‘Vacaciones en paz’ nació para ofrecer a los niños y niñas que habitan los campamentos saharauis unos meses en los que sus vidas no se limiten a sobrevivir a unas condiciones extremas. Ése es el objetivo principal, pero conviene recalcar que ‘Vacaciones en paz’, más que un acto de caridad, es ampliar las fronteras familiares, los vínculos, la propia experiencia vital tanto de quienes vienen como de quienes acogen.

«Ella era mayor que yo, pero recuerdo que intentaba cuidarla, que estuviera contenta. Recuerdo una sensación de mucho amor, algo muy especial». Cuando Maritxu Arbelaitz tenía ocho años, su familia acogió a una niña saharaui, «mi hermana». Ahora, con 23 años, continúa siendo familia de acogida, además de integrante de Tadamum, la asociación que gestiona ‘Vacaciones en paz’ en Bidasoaldea. Como adulta, la experiencia ha sido «muy diferente. Lo vives desde una perspectiva más consciente», si bien «sigue siendo igual de emocional».

Hada, la niña que ha acogido los últimos veranos, formó parte del grupo que pasó el verano en Irun y Hondarribia en 2025. Fueron una decena de niños y niñas; bastantes menos que la veintena que, recuerda Maritxu Arbelaitz, solían venir a la comarca cuando su familia participó por primera vez en el programa: hace ya años que «el número de niños y niñas iba decreciendo», con la pandemia «todo se complicó» y llegaron a ser apenas «uno o dos. Le hemos conseguido dar la vuelta» a esa situación «y más familias se han ido animando a participar, pero no son suficientes». A eso se le suma que, debido a la legislación vigente en materia de extranjería, los trámites «deben hacerse con más antelación. Más o menos para febrero tiene que estar todo atado». Es por esta razón que Tadamum está incidiendo en un llamamiento temprano a participar en ‘Vacaciones en paz’ el próximo verano.

Visita de vuelta al Sáhara

Entre quienes repetirán como familia de acogida este 2026 está la de Nevyana Syvarova: junto a su marido Aitor y su hija Aia, hace tres años abrieron las puertas de su hogar para recibir a la pequeña Achwak. «Fue cuando compramos nuestro propio piso. Mi hija y yo estábamos viendo en televisión un reportaje sobre ‘Vacaciones en paz’. Nos miramos la una a la otra» y lo tuvieron claro: «teníamos que participar. Cuando llegó el aita se lo contamos y nos apuntamos».

El caso de esta familia ilustra a la perfección cómo esta experiencia ensancha las vidas de quienes participan en ella: «estando Achwak aquí, un 20 de agosto, nació su hermana. La niña no sabía que su madre estaba embarazada». La alimentación precaria y las condiciones de Tindouf implican que los embarazos sean «muy complicados» y que no se comuniquen hasta que llegan a buen término. «Allí es costumbre que la abuela decida el nombre del bebé»; en este caso «le puso Nuna», y Aia como segundo nombre, en honor a la familia de acogida de Achwak. «Es una forma de expresar su respeto y agradecimiento».

Nevyana y su familia experimentaron esa gratitud y hospitalidad en su propia piel cuando, una primavera, fueron ellos quienes viajaron hasta Tindouf para visitar a Achwak. La madre de la niña les recibió cuando llegaron, de noche, al campamento: «le brillaban los ojos. Siempre nos llamó su familia. Ellos viven en una pequeña casita y nos alojaron en el salón, la única habitación que tenía aire acondicionado». Era abril, pero «el calor era terrible, más de cuarenta grados. La sensación es que tienes el sol a dos metros, te ciega, no se puede respirar. Lo único que podíamos hacer era esperar a que cayera la noche para salir. Imagínate en verano. Cada 31 de agosto, cuando Achwak se marcha de vuelta, lo paso fatal porque sé a qué condiciones se va a enfrentar».

Y sin embargo, «ella va feliz», porque no deja de ser una niña que va a reencontrarse con su familia. Maritxu Arbelaitz recuerda que «no todo es de color de rosa»: aunque salir de Tindouf implique una mejora en sus condiciones de vida, «por mucho que sea un campamento de refugiados y haya escasez de agua y alimentos, allí tienen el amor de tu familia y eso es lo primero para un niño». Por eso, cuando vienen po primera vez «hay una fase de adaptación, un proceso que al principio puede resultar un poco difícil pero que termina siendo una maravilla».

Revisiones médicas

Durante sus vacaciones, los niños y niñas acuden a «todo tipo de revisiones médicas, con ayuda del Gobierno Vasco». La integrante de Tadamum incide en «las facilidades desde el sector público» para que los pequeños dispongan, por ejemplo, de tarjeta Mugi o asistan a diferentes actividades organizadas por los ayuntamientos. Recuerda que participar en ‘Vacaciones en paz’ no supone gasto alguno para las familias acogedoras, más allá del que resulte de sumar un miembro al hogar durante un verano. Además, tanto Maritxu como Nevyana coinciden en subrayar el impacto positivo que esta experiencia tiene en los niños y niñas de la familia acogedora.

La integrante de Tadamum aporta datos que ilustran las duras condiciones que padecen los refugiados saharauis: de las alrededor de 200.000 personas que viven en los campos, «el 90% padecen o están en riesgo de padecer inseguridad alimentaria. El 40% de los niños tienen anemia, y el 50% de los menores de 5 años sufren desnutrición».

Quienes se estén planteando vivir esta expriencia pueden informarse, sin compromiso, contactando con Tadamum a través de los perfiles de la asociación en redes, la página web del programa ‘Vacaciones en paz’ (www.oporrakbakean.eus) o el número de teléfono 696 014 786.

Origen: A la espera de un verano de emociones | El Diario Vasco


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