La salud de la población saharaui refugiada se deteriora año tras año. Tras 50 años de exilio, más de 170.000 personas viven atrapadas en una emergencia sanitaria crónica marcada por la malnutrición, la anemia y la inseguridad alimentaria. La reducción sostenida de la ayuda humanitaria ha convertido la alimentación en el principal problema de salud pública de los campamentos.

 

El impacto es directo sobre los cuerpos”, advierte Yahya Buhubeini, presidente de la Media Luna Roja Saharaui, la organización que coordina la respuesta humanitaria y sanitaria. Entre 2022 y 2025, la anemia crónica en mujeres ha aumentado del 54% al 68%, y en la población infantil del 53% al 63%Uno de cada tres menores sufre desnutrición crónica, una condición que compromete su crecimiento, su sistema inmunológico y su desarrollo cognitivo.

Escasez continuada de alimentos

La base de esta crisis sanitaria es la falta prolongada de alimentos suficientes y variados. Desde 2019, el coste de la canasta básica no ha dejado de aumentar –“en 2019, la canasta básica costaba 492 dinares y ahora tan solo un kilo de comida ya nos cuesta 782 dinares”, explica– mientras la ayuda humanitaria ha sufrido recortes cercanos al 30%. Esta combinación ha provocado una escasez continuada de productos esenciales y de alimentos frescos, generando déficits nutricionales persistentes, especialmente entre menores de cinco añosmujeres embarazadas y lactantes, los grupos más vulnerables desde el punto de vista sanitario. El deterioro de la alimentación se vincula con el contexto de inflación global. En la actualidad, la canasta básica mensual se compone de dos kilos de legumbresdos de arrozdos de cebadaun litro de aceite vegetal y 740 gramos de azúcar.