MEMORIA VISUAL SAHARAUI | Agosto de 2012: el viaje que desafió el miedo y reafirmó la solidaridad con el pueblo saharaui

MEMORIA VISUAL SAHARAUI | Agosto de 2012: el viaje que desafió el miedo y reafirmó la solidaridad con el pueblo saharaui

Carlos Cristóbal – Fotografías para entender el Sáhara Occidental

Hay viajes que terminan cuando se regresa a casa y otros que permanecen en la memoria muchos años después. El realizado en agosto de 2012 a los campamentos de refugiados saharauis fue uno de esos viajes especiales. No solo por el calor extremo, por coincidir con el Ramadán o por las largas jornadas compartidas con familias y autoridades saharauis, sino porque se convirtió en un símbolo de compromiso en un momento especialmente delicado.

Meses antes, el secuestro de tres cooperantes internacionales en Rabuni, ocurrido en octubre de 2011, había provocado una profunda preocupación por la seguridad en la región y había llevado al Gobierno español a ordenar la repatriación de los cooperantes presentes en los campamentos. Aquella decisión hizo temer que el pueblo saharaui quedara aún más aislado y que se resintieran los proyectos de cooperación. En ese contexto, CEAS-Sáhara, la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara, organizó una misión bajo un mensaje claro: UN VIAJE SOLIDARIO CONTRA EL ABANDONO, porque la respuesta no podía ser dejar solos a los refugiados precisamente cuando más necesitaban el apoyo internacional.

Aquel viaje no puede entenderse sin el contexto político del momento. En el verano de 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy, con José Manuel García-Margallo al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores -como queda dicho- decidió repatriar a los cooperantes españoles presentes en los campamentos saharauis alegando motivos de seguridad. La medida fue contestada por numerosas asociaciones solidarias, que consideraron que no debía contribuir al aislamiento de la población refugiada y organizaron una misión para reafirmar su compromiso con el pueblo saharaui.

La delegación que viajó en agosto de 2012 —de la que formé parte— quiso transmitir precisamente el mensaje contrario: que la cooperación debía continuar y que el miedo no podía convertirse en una barrera para mantener el compromiso con el pueblo saharaui. Recuerdo especialmente a José Oropesa, que permanecía entonces en Tinduf trabajando en un documental sobre los desaparecidos saharauis y defendía públicamente que no había que dejar solos a los refugiados.

Más allá de las reuniones institucionales o de los actos públicos, aquel viaje tuvo un fuerte valor simbólico. Demostró que existía una amplia red de apoyo dispuesta a mantener vivos los lazos con el pueblo saharaui incluso en momentos de incertidumbre. Las imágenes de esos días muestran recepciones, encuentros con la población, concentraciones de solidaridad y escenas cotidianas que hoy forman parte de la memoria compartida entre visitantes y refugiados.

Shibani Carlos recuerda especialmente la sensación de normalidad que transmitían los campamentos pese a las dificultades. Lejos de la imagen de aislamiento que algunos pretendían proyectar, encontró una sociedad organizada, agradecida por el apoyo recibido y decidida a seguir adelante. El calor era intenso y las jornadas de ayuno propias del Ramadán hacían aún más duras las condiciones, pero el espíritu de acogida del pueblo saharaui permanecía intacto.

Con la perspectiva del tiempo, aquel viaje adquiere un significado que va mucho más allá de una simple visita a los campamentos de refugiados saharauis. Representó la voluntad del movimiento solidario de no abandonar al pueblo saharaui, de seguir llevando cooperación, de mantener abiertos los canales de encuentro y de demostrar que la amistad construida durante décadas era más fuerte que el miedo. En un momento en que algunos pronosticaban el aislamiento de Tinduf, decenas de personas decidieron hacer exactamente lo contrario: viajar, escuchar, compartir y acompañar.

Recuerdo aquellos días como una mezcla de calor extremo, hospitalidad, conversaciones interminables y un profundo sentimiento de responsabilidad. Cada encuentro, cada fotografía y cada gesto de agradecimiento reforzaban la convicción de que la solidaridad internacional seguía siendo imprescindible para un pueblo que llevaba ya muchos años esperando justicia. No fuimos a desafiar el peligro, sino a reafirmar un compromiso que considerábamos irrenunciable.

Hoy, más de una década después, estas imágenes siguen hablándonos de aquel espíritu. No solo documentan un viaje o una etapa concreta de la cooperación con el pueblo saharaui; también recuerdan que la presencia, el acompañamiento y la memoria son formas de resistencia frente al olvido. Y transmiten una idea que continúa plenamente vigente y que resume el sentido de aquellas jornadas: junto al pueblo saharaui, siempre. 🇪🇭


ÁLBUM DE FOTOS DEL FACEBOOK DE CARLOS CRISTÓBAL

Yo me arriesgo por el Sahara… agosto 2012