Washington fija la solución para el Sáhara Occidental y amplía sus contactos con otras voces saharauis

Donald Trump vuelve a presentar la autonomía marroquí como la «única base» aceptable para resolver el Sáhara Occidental mientras diplomáticos estadounidenses mantienen contactos con Saharauis por la Paz. Dos movimientos que plantean una pregunta: ¿Washington quiere mediar o conducir la negociación hacia un resultado previamente decidido?

Mensaje de Donald Trump difundido por la misión estadounidense en Marruecos, en el que reafirma el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y presenta la autonomía de Rabat como la «única base» para una solución.

Estados Unidos acaba de volver a dejar muy poco margen sobre cuál considera que debe ser el futuro del Sáhara Occidental. En un mensaje dirigido a Mohamed VI con motivo del aniversario de su entronización, Donald Trump reafirma el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí y sostiene que la propuesta de autonomía de Rabat constituye «la única base para una solución justa y duradera».

Trump va todavía más lejos: cualquier otro camino prolongaría el statu quo y sería «inaceptable». Washington no se limita, por tanto, a respaldar una de las propuestas existentes. Determina de antemano cuál considera admisible y cuál no.

La declaración adquiere otro significado cuando se observa junto a los movimientos diplomáticos estadounidenses de los últimos días. Según informó Atalayar, el consejero político de la Embajada de Estados Unidos en Marruecos mantuvo el 28 de julio, a petición de la propia representación estadounidense, una reunión en El Aaiún con dirigentes de Saharauis por la Paz (MSP).

El movimiento defendió durante el encuentro su incorporación al proceso negociador auspiciado por Naciones Unidas y reclamó que otras voces saharauis puedan participar en la búsqueda de una salida política. No es además un contacto aislado: representantes del MSP ya se habían reunido anteriormente en Nueva York con diplomáticos de Estados Unidos, Francia y Reino Unido.

Nada de ello permite afirmar que Washington esté construyendo una alternativa al Frente Polisario. Pero la coincidencia merece atención. Estados Unidos amplía sus interlocutores saharauis mientras reduce simultáneamente el espacio de la negociación a una única solución: la autonomía propuesta por Marruecos.

La pregunta entonces resulta inevitable. ¿Se buscan nuevas voces saharauis para abrir realmente el proceso político o para incorporar interlocutores dispuestos a negociar dentro de un marco cuyo resultado fundamental ya ha sido establecido?

La cuestión afecta también al papel que Estados Unidos pretende desempeñar en los próximos movimientos diplomáticos. Washington puede impulsar contactos y reclamar el final del bloqueo, pero resulta difícil considerarlo un mediador neutral mientras declare que la propuesta de una de las partes es la única solución aceptable y rechace previamente cualquier alternativa.

Una negociación puede necesitar nuevos interlocutores. Lo que difícilmente puede necesitar es que uno de sus principales impulsores decida el resultado antes de que comience.