
Lo ocurrido en las últimas horas marca probablemente uno de los momentos más claros de alineamiento político explícito de Estados Unidos con Marruecos desde el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental anunciado por Donald Trump en 2020.
Ya no se trata únicamente de maniobras militares conjuntas en el marco de AFRICAN LION o de visitas diplomáticas a la ciudad saharaui ocupada de Dajla. La cuestión ha dado ahora un paso más: la representación estadounidense ante Naciones Unidas ha asumido públicamente el discurso político marroquí sobre el conflicto y ha señalado implícitamente al Frente Polisario como obstáculo para la paz.
El mensaje difundido por la misión estadounidense ante la ONU tras los ataques registrados en Smara no deja demasiado espacio para la ambigüedad. Washington condena las acciones del Polisario, defiende abiertamente la propuesta marroquí de autonomía como “camino hacia la paz” y llama a quienes “resisten la paz” a aceptar el nuevo escenario político.
We condemn the attacks by Polisario Front in Smara.
Such violence threatens regional stability and the progress made towards peace.
These actions are inconsistent with the spirit of the recent talks.
The time to end this 50-year-old dispute is now.
As affirmed in…
— U.S. Mission to the UN (@USUN) May 6, 2026
De hecho, la rapidez con la que reaccionó la misión estadounidense ante Naciones Unidas terminó produciendo un efecto político difícil de ignorar: reconocer implícitamente que el conflicto armado sigue plenamente activo en el Sáhara Occidental.
Mientras Rabat evitaba durante horas cualquier posicionamiento oficial claro sobre lo ocurrido en Smara, Washington se apresuró a condenar el ataque y a vincularlo directamente al actual escenario político y militar del territorio. Esa diferencia de reacción resulta significativa porque contradice el relato marroquí de “estabilidad” y normalización definitiva de la situación sobre el terreno.
La propia condena estadounidense confirma así, aunque sea indirectamente, que la guerra reactivada tras la ruptura del alto el fuego en 2020 sigue condicionando la realidad política y de seguridad del Sáhara Occidental.
I was in Dhakla yesterday where American and Moroccan doctors stood side by side providing medical care to the people of the Moroccan Sahara. Meanwhile, those against peace launched missiles at civilian infrastructure. https://t.co/pET2wY1DYB
— Ambassador Duke Buchan (@USAmbMorocco) May 7, 2026
Se demuestra así que el Sáhara Occidental no es, jurídicamente, una cuestión cerrada. Naciones Unidas sigue considerando el territorio pendiente de descolonización y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación continúa formando parte del marco legal internacional.
Por eso el giro estadounidense tiene una dimensión mucho más profunda que una simple declaración diplomática. Lo que está en juego es la propia idea de mediación internacional en el conflicto.
El catedrático español Carlos Ruiz Miguel resumía con dureza esa contradicción al afirmar que estos mensajes “muestran un alineamiento total de EEUU con una de las partes en el conflicto (Marruecos) y una hostilidad hacia la otra parte del conflicto (Frente Polisario)”. Según su análisis, esa posición “incapacita a EEUU para mediar en una negociación”.
La cuestión no es menor. Durante años, Washington ha intentado presentarse como un actor capaz de influir en el proceso político saharaui manteniendo formalmente cierto equilibrio diplomático. Pero las imágenes de AFRICAN LION en Dajla y los recientes mensajes oficiales parecen indicar que esa etapa ha quedado atrás.
El discurso estadounidense ya no gira alrededor del referéndum de autodeterminación prometido por Naciones Unidas. Tampoco alrededor de una negociación entre dos partes en igualdad política. El nuevo marco que se intenta imponer parte de otra lógica: considerar la soberanía marroquí como una realidad prácticamente irreversible y reducir el margen político del Polisario dentro del escenario internacional.
Ahí reside precisamente el núcleo del problema.
Porque cuando una gran potencia abandona cualquier apariencia de neutralidad y pasa a respaldar abiertamente a una de las partes en un proceso de descolonización todavía pendiente, la cuestión deja de ser únicamente diplomática. Pasa a afectar directamente a la credibilidad del propio marco internacional construido alrededor del conflicto.
Las críticas formuladas desde sectores saharauis y desde distintos analistas apuntan precisamente a esa deriva. No solo por el apoyo explícito a la autonomía marroquí, sino también por la criminalización implícita de la resistencia saharaui mientras continúan sin condenarse los ataques marroquíes sobre el territorio o las denuncias relacionadas con derechos humanos y población civil.
Todo ello ocurre, además, en un momento especialmente sensible: con la guerra reactivada desde 2020, con AFRICAN LION consolidando la dimensión militar y estratégica del territorio y con una comunidad internacional que parece cada vez más inclinada hacia la gestión del conflicto antes que hacia su resolución conforme al derecho internacional.
El problema ya no es únicamente qué posición adopta Estados Unidos.
La cuestión es hasta qué punto algunas potencias internacionales han decidido sustituir el principio de autodeterminación por la lógica de los hechos consumados.