SÁHARA OCCIDENTAL | 20 de mayo: el aniversario del inicio de la lucha armada saharaui vuelve a adquirir hoy un significado especial

Más de cincuenta años después de El Janga, el pueblo saharaui sigue viendo en aquella primera acción armada el símbolo de una lucha que nunca llegó realmente a terminar.

Por Victoria G. Corera – PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL»

El 20 de mayo ocupa un lugar profundamente simbólico en la memoria política saharaui. Ese día de 1973, apenas unos días después de la creación del Frente Polisario, un pequeño grupo de jóvenes combatientes saharauis lanzó en El Janga su primera operación armada contra las fuerzas coloniales españolas.

Aquella acción marcó el inicio oficial de la resistencia armada saharaui moderna. Pero sobre todo marcó el momento en que un pueblo decidió asumir directamente la defensa de su tierra, de su identidad y de su derecho a existir políticamente.

Más de medio siglo después, el aniversario vuelve a adquirir un significado especialmente intenso.

Porque para muchos saharauis la cuestión central que dio origen a aquella lucha sigue todavía sin resolverse. Como recuerda también nuestro reciente análisis DESMONTANDO BULOS | No, el Sáhara Occidental no es un conflicto “superado”, el conflicto continúa abierto tanto política como humanamente.

El Frente Polisario nació en un contexto en el que España continuaba negando el derecho de autodeterminación al pueblo saharaui mientras mantenía el control colonial sobre el territorio. Para toda una generación de jóvenes saharauis, las vías políticas aparecían cerradas y la resistencia armada comenzó a verse como la única salida posible frente al silencio internacional y la ausencia de descolonización.

Pocos años después llegaría además la gran ruptura histórica de 1975. España abandonó el Sáhara Occidental mediante los Acuerdos de Madrid y Marruecos ocupó gran parte del territorio. La guerra continuó entonces bajo otra forma, pero con el mismo fondo político: la reivindicación saharaui de independencia y autodeterminación.

Nada de aquello terminó realmente.

Décadas más tarde, decenas de miles de saharauis siguen viviendo en campamentos de refugiados. El referéndum prometido por Naciones Unidas nunca llegó a celebrarse. El territorio continúa dividido por el muro militar marroquí. Y las denuncias sobre represión, presos políticos y restricciones a activistas saharauis siguen reapareciendo constantemente en los territorios ocupados.

Por eso el 20 de mayo no se vive únicamente como una conmemoración histórica.

También se percibe como un recordatorio político del presente.

Desde la ruptura del alto el fuego en 2020, el Frente Polisario sostiene que la lucha armada volvió a convertirse en una consecuencia directa del bloqueo diplomático y de la imposibilidad de avanzar hacia una solución política basada en el derecho de autodeterminación.

Entre muchos jóvenes saharauis nacidos ya en el exilio o bajo ocupación marroquí, esa sensación de estancamiento ha reforzado además la idea de que el conflicto nunca desapareció realmente, sino que simplemente quedó congelado internacionalmente durante años.

Mientras tanto, Marruecos y varios actores occidentales intentan consolidar la imagen de un conflicto políticamente “cerrado” o inclinado definitivamente hacia Rabat. Sin embargo, como analizábamos recientemente en Medio siglo después, Europa sigue sin resolver su contradicción con el Sáhara Occidental, la realidad continúa mostrando otra cosa.

El Sáhara Occidental sigue reapareciendo en Naciones Unidas, en tribunales europeos, en debates sobre derechos humanos, en movimientos solidarios y también a través de figuras internacionales como Aminatu Haidar vuelve al centro de la actividad internacional sobre el Sáhara Occidental desde el Parlamento esloveno, cuya actividad reciente en Europa ha vuelto a situar la cuestión saharaui en espacios políticos europeos.

Por eso hoy el 20 de mayo vuelve a resonar con tanta fuerza dentro de la memoria saharaui.

Porque El Janga no representa únicamente el inicio de una guerra.

Representa el momento en que un pueblo decidió que no aceptaría desaparecer en silencio.

Y más de cincuenta años después, esa idea sigue profundamente viva en la conciencia colectiva saharaui.