30 de agosto de 2026 – EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Hay una idea que atraviesa buena parte de lo que hemos publicado en las últimas horas y que merece quedar hoy en primer plano: el paso del tiempo, los apoyos diplomáticos, las inversiones o la imposición de una realidad sobre el terreno no han terminado la descolonización del Sáhara Occidental. Puede cambiar el lenguaje político y pueden multiplicarse los intentos de presentar el desenlace como inevitable, pero Naciones Unidas sigue manteniendo al territorio entre los no autónomos y el pueblo saharaui continúa siendo el sujeto de un derecho a la autodeterminación que nadie puede ejercer en su lugar.
Por eso nos parecía importante detenernos en qué significa realmente esa expresión que repetimos tantas veces. España abandonó el territorio, Marruecos lo ocupó y han pasado más de cincuenta años desde 1975, pero marcharse no fue descolonizar y ocupar no es adquirir soberanía. El Sáhara Occidental continúa pendiente porque el proceso que debía permitir a su población decidir su futuro nunca se completó.
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La lectura recomendada de ayer añadió otro elemento especialmente revelador. Escudo Digital puso el foco en las «fronteras auténticas» —«حدودها الحقة», ses frontières authentiques— que aparecen en la Constitución marroquí y en la relación de esa fórmula con la doctrina histórica del Gran Marruecos. Mirar el Sáhara Occidental desde esa perspectiva permite entender que no estamos únicamente ante una discusión diplomática surgida en 1975, sino también ante una determinada concepción territorial que históricamente se ha proyectado sobre otros vecinos.
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Y esa mirada adquiere una dimensión muy actual cuando un antiguo ministro marroquí coloca en un mismo análisis los acontecimientos de Ceuta y la proposición española sobre la nacionalidad saharaui. Mustapha El Khalfi los ha definido como dos «cambios estratégicos» en las relaciones con España y ha llegado a advertir de que la iniciativa sobre la nacionalidad podría crear en nuestro país un nuevo «foco de apoyo al separatismo». No demuestra por sí mismo que exista una relación causal entre ambos acontecimientos, pero sí revela cómo son interpretados desde una determinada visión política marroquí.
También fuera de España continúa apareciendo una palabra que algunos quisieran sustituir definitivamente por otras más cómodas: descolonización. Medios internacionales han vuelto a recordar estos días el estatuto jurídico del Sáhara Occidental, el derecho a la autodeterminación y la contradicción entre esa realidad y una política destinada a consolidar progresivamente los hechos consumados mediante proyectos económicos, turísticos y explotación de recursos.
Quizá ahí esté la idea que conviene conservar hoy. El Sáhara Occidental no desaparece porque resulte incómodo hablar de descolonización. No desaparece porque algunos gobiernos cambien de posición, porque se construyan hoteles, se firmen acuerdos o se dibujen mapas que lo integran en Marruecos.
Y hoy habrá también espacio para la solidaridad más cercana. Gijón acoge este domingo una manifestación por la paz y la justicia para el pueblo saharaui, una de esas muestras públicas de apoyo que llegan además cuando Vacaciones en Paz empieza a despedirse hasta el próximo verano. Los niños y niñas saharauis que han pasado estas semanas con familias asturianas regresarán en pocos días a los campamentos, pero antes volverán a estar acompañados en las calles por quienes quieren recordar que su acogida no es únicamente un gesto de solidaridad: es también una manera de mantener presente la causa de un pueblo que continúa esperando justicia.
El hecho consumado puede durar muchos años. Puede hacerse cotidiano e incluso presentarse como irreversible. Pero mientras el pueblo saharaui no haya podido decidir libremente su futuro, seguirá faltando precisamente aquello que podría cerrar la cuestión: la descolonización.