Carlos C. García – Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Llevamos tantos años escribiendo que el Sáhara Occidental es un territorio pendiente de descolonización que quizá la frase haya terminado perdiendo parte de su fuerza. Se repite en resoluciones, comunicados, artículos y discursos hasta parecer una fórmula casi rutinaria. Pero no lo es. Que en 2026 Naciones Unidas siga incluyendo al Sáhara Occidental entre los territorios no autónomos significa, sencillamente, que su descolonización no ha terminado.
Y esto conviene recordarlo precisamente ahora, cuando cada semana aparecen nuevos gobiernos respaldando el plan marroquí de autonomía, empresas anunciando inversiones, delegaciones viajando a Dajla o El Aaiún y titulares que presentan como inevitable una soberanía que el Derecho internacional continúa sin reconocer.
España abandonó el Sáhara Occidental en 1976. Lo hizo después de los Acuerdos de Madrid y dejó detrás una responsabilidad histórica que todavía nos acompaña. Pero marcharse no significó descolonizar. Aquellos acuerdos no transfirieron la soberanía del territorio a Marruecos ni convirtieron jurídicamente al Sáhara Occidental en parte de Marruecos. El territorio siguió pendiente y así continúa medio siglo después.
Tampoco la Corte Internacional de Justicia encontró en 1975 los vínculos de soberanía que Marruecos pretendía hacer valer para impedir la autodeterminación. Y décadas más tarde los tribunales europeos han vuelto a recordar algo parecido desde otra perspectiva: el Sáhara Occidental tiene un estatuto distinto y separado de Marruecos y el pueblo saharaui no puede ser sustituido cuando están en juego sus derechos y sus recursos.
Ahí está precisamente una de las claves que muchas veces desaparece detrás del ruido diplomático. Estados Unidos puede adoptar una posición. Francia puede respaldar otra. Gobiernos latinoamericanos pueden cambiar de criterio y otros países pueden considerar que la autonomía es la solución más “realista”. Todo eso tiene consecuencias políticas, pero ninguna declaración unilateral convierte por sí misma una ocupación en soberanía ni completa un proceso de descolonización.
Lo mismo ocurre con los negocios. Que haya hoteles, vuelos, parques eólicos, proyectos agrícolas o explotación de fosfatos no resuelve el estatuto del territorio. El desarrollo económico de un hecho consumado puede hacerlo más difícil de revertir, pero no cambia por sí solo su naturaleza jurídica.
Hace unos días hablábamos de lo que sucede cuando Washington decide sobre el Sáhara Occidental sin los saharauis. Esa es, en el fondo, la paradoja que seguimos observando: cada vez hay más actores dispuestos a discutir cómo debería terminar el problema y demasiados olvidan que existe un pueblo al que corresponde decidir sobre su propio futuro.
Por eso importa seguir diciendo que el Sáhara Occidental es un territorio no autónomo. No para refugiarnos en una frase jurídica ni para negar que la situación política internacional ha cambiado mucho. Precisamente al contrario: porque aunque cambie la política, el problema que debía resolverse sigue siendo el mismo.
Marruecos puede conseguir apoyos, acuerdos, inversiones y reconocimientos. Puede intentar que el paso del tiempo termine convirtiendo la ocupación en normalidad. Pero cincuenta años después hay algo que todavía no ha podido conseguir: que Naciones Unidas declare concluida la descolonización del Sáhara Occidental.
Y mientras eso siga siendo así, el hecho consumado seguirá siendo exactamente eso: un hecho consumado, no una descolonización.