CONSEJO DE SEGURIDAD | Si se vacía la descolonización, ¿qué solución queda para el Sáhara Occidental?

El debate abierto en el Consejo de Seguridad ya no afecta únicamente al futuro de MINURSO. El borrador inicial presentado por Estados Unidos pretende reducir el peso del referéndum, situar la autonomía marroquí en el centro de la negociación y transformar la propia misión de Naciones Unidas. Casi al mismo tiempo, Washington ha cuestionado la continuidad del Comité Especial de Descolonización. La pregunta es inevitable: si desaparece poco a poco el marco de la descolonización, ¿qué clase de solución queda para el Sáhara Occidental?

Durante estos días estamos siguiendo casi palabra por palabra la negociación del Consejo de Seguridad. Tiene sentido. El borrador cero estadounidense plantea cambios de una profundidad desconocida en muchos años: quiere transformar MINURSO, eliminar del nombre de la misión la referencia al Referéndum y convertir la propuesta marroquí de autonomía en la única base de las negociaciones, hasta presentar una autonomía bajo soberanía marroquí como única solución viable.

Pero hay algo todavía más profundo detrás de esa discusión. El Sáhara Occidental no llegó a Naciones Unidas como una simple disputa entre dos partes que necesitan encontrar un compromiso territorial. Entró en la agenda de la ONU como un territorio pendiente de descolonización, y permanece todavía en la lista de Territorios No Autónomos. Ese es el origen jurídico y político del expediente.

Por eso tiene importancia otra iniciativa estadounidense conocida estos días. Washington ha planteado la desaparición del Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas, el conocido Comité de los 24. Puede discutirse su eficacia, su funcionamiento o la necesidad de reformar organismos creados hace décadas. Pero el Sáhara Occidental continúa precisamente entre los territorios cuya descolonización sigue pendiente y que ese comité tiene entre sus responsabilidades.

No hace falta afirmar que ambas iniciativas forman parte de un mismo plan para advertir lo que está ocurriendo. Por un lado, se intenta desplazar el referéndum y estrechar el significado de la autodeterminación hasta hacerla compatible únicamente con una autonomía bajo soberanía marroquí. Por otro, se cuestiona uno de los espacios institucionales donde el Sáhara Occidental continúa siendo tratado como cuestión colonial.

¿Y qué queda si se eliminan ambas referencias? Puede quedar una negociación, naturalmente. Puede quedar una nueva misión política de Naciones Unidas. Puede haber conversaciones entre Marruecos, el Frente POLISARIO, Argelia y Mauritania. Puede incluso alcanzarse algún acuerdo. Pero si previamente se decide que la soberanía pertenece a Marruecos y que la única discusión posible consiste en determinar el grado de autonomía que recibirán los saharauis dentro de ese Estado, ya no se está resolviendo una descolonización mediante el ejercicio de la autodeterminación. Se está intentando encontrar una fórmula que haga aceptable la situación creada sobre el terreno.

Ahí está la diferencia fundamental. Durante décadas se ha discutido cómo celebrar el referéndum, quién debía votar, qué opciones debía contener, qué papel correspondía a MINURSO o qué alternativas podían negociarse. Todo eso puede cambiar. Ningún proceso político está obligado a permanecer congelado durante treinta y cinco años. Lo que no puede desaparecer sin alterar la naturaleza misma del expediente es la pregunta sobre quién tiene derecho a decidir el estatuto final del territorio.

El Consejo de Seguridad afronta ahora una negociación difícil y el borrador estadounidense ya está siendo modificado por las objeciones planteadas por varios de sus miembros. Todavía no sabemos qué sobrevivirá de aquel texto inicial cuando llegue la hora de votar.

En las últimas horas, además, esa discusión ha dejado de ser únicamente teórica. Brahim Ghali ha respondido formalmente al informe de António Guterres para advertir de que el Frente POLISARIO no participará en una negociación cuyo resultado esté decidido de antemano y que limitar el proceso exclusivamente a la autonomía obligaría a reconsiderar su participación en el proceso político. Casi al mismo tiempo, Christopher Ross, antiguo enviado personal del secretario general para el Sáhara Occidental, ha recordado que una solución impuesta a los saharauis difícilmente puede convertirse en la solución justa, duradera y mutuamente aceptable que Naciones Unidas lleva décadas reclamando.

Pero convendría no perder de vista algo esencial mientras discutimos cada nueva versión: el fracaso de un proceso de descolonización no convierte automáticamente la ocupación y el statu quo en la solución de ese proceso.

Si el referéndum desaparece, habrá que explicar cómo se ejerce entonces la autodeterminación. Si el marco de descolonización se debilita, habrá que explicar qué lo sustituye. Y si la soberanía marroquí se establece antes de negociar, habrá que explicar qué queda exactamente por decidir al pueblo saharaui.

Porque cambiar el procedimiento puede ser necesario. Eliminar la cuestión que debía resolver ese procedimiento es algo muy distinto.

LA LECTURA DEL DÍA — 24 de octubre de 2026 | CARLOS CRISTÓBAL

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