Mientras la guerra vuelve a ocupar titulares tras la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, la dirección saharaui reitera ante Naciones Unidas que sigue apostando por una solución negociada basada en el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro.

La muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz y de otros dos combatientes saharauis ha devuelto durante unos días el Sáhara Occidental a algunos titulares internacionales. La guerra que comenzó tras la ruptura del alto el fuego en noviembre de 2020 sigue ahí, aunque demasiadas veces permanezca fuera de los focos. Sin embargo, mientras los combates continúan sobre el terreno, otra realidad menos visible sigue desarrollándose: la de la negociación y la diplomacia.
La coincidencia resulta significativa. Mientras el Frente Polisario despedía a uno de sus dirigentes más conocidos, el enviado personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, concluía una nueva ronda de contactos con la dirección saharaui. Lejos de cualquier gesto de ruptura, el presidente de la República Saharaui y secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali, reiteró su respaldo a los esfuerzos de Naciones Unidas para alcanzar una solución pacífica, justa y definitiva.
El mensaje transmitido por la parte saharaui fue claro. El Frente Polisario mantiene su disposición a participar en cualquier proceso político serio, pero insiste en que ninguna solución será aceptable si no respeta el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. No se trata de una posición nueva. Es, de hecho, la misma que Naciones Unidas viene reconociendo desde hace décadas en sus resoluciones sobre el último territorio pendiente de descolonización de África.
Algunos medios internacionales han destacado estos días que el Polisario sigue abierto a la negociación «en todos los contextos posibles», incluso en un momento especialmente difícil marcado por la muerte de uno de sus dirigentes militares más destacados. Esa actitud refleja una realidad que a menudo queda eclipsada por la guerra: el movimiento saharaui no ha abandonado la vía diplomática, aunque tampoco parece dispuesto a aceptar una solución impuesta que excluya la libre decisión de su pueblo.
La fotografía de la reunión entre Brahim Gali y Staffan de Mistura resume bien esa otra dimensión del conflicto. Frente a quienes presentan el expediente saharaui como una cuestión resuelta o reducida a un problema regional, la imagen recuerda que el proceso político sigue formalmente abierto. Naciones Unidas continúa implicada y el Frente Polisario sigue defendiendo sus posiciones en la mesa de negociación al mismo tiempo que mantiene su resistencia sobre el terreno.
Quizá esa sea la principal lección de estos días. La guerra continúa, pero también continúa la diplomacia. Y mientras no se aborde la cuestión de fondo —el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro— ninguna de las dos desaparecerá.
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