Sáhara Occidental: Jadiya Hamdi, memoria de una mujer saharaui imprescindible

Carlos Cristóbal – Fotografías para entender el Sáhara Occidental

Un recuerdo personal de Jadiya Hamdi, en un encuentro marcado por la cercanía y la hospitalidad saharaui. Más allá de sus responsabilidades políticas, fue una mujer cercana, respetada y profundamente ligada a la cultura de su pueblo.

Hay nombres que no deberían quedar en segundo plano, ni siquiera cuando la actualidad golpea con fuerza y obliga a mirar hacia otro lugar. En estos días de duelo por la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz, se ha recordado con frecuencia que era hijo del histórico presidente saharaui Mohamed Abdelaziz. Es cierto. Pero conviene añadir otro nombre imprescindible: Lahbib era también hijo de Jadiya Hamdi, una de las mujeres más relevantes de la historia reciente del pueblo saharaui.

Jadiya Hamdi fue miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario, exministra de Cultura de la República Árabe Saharaui Democrática y consejera de la Presidencia saharaui. Fue también escritora, militante, defensora del papel de la mujer saharaui y una figura muy respetada en los espacios de solidaridad internacional. Pero reducirla a sus cargos sería quedarse lejos de lo que representó. Jadiya entendió la cultura no como un adorno, sino como una forma de resistencia, de identidad y de continuidad nacional.

En un pueblo expulsado de su tierra, dividido por la ocupación y obligado a sostener su vida colectiva en el exilio, la cultura no es un lujo. Es una manera de seguir existiendo. Por eso su trayectoria quedó ligada a la educación, a la palabra, a la memoria y a la defensa de una identidad saharaui que Marruecos ha intentado negar, diluir o apropiarse durante décadas. Su obra La mujer en el combate resume bien esa mirada: la mujer saharaui no como símbolo pasivo de sufrimiento, sino como sujeto político de resistencia.

El proyecto Bubisher la recordó tras su fallecimiento con una frase muy significativa: “En el principio del Bubisher, fue Jadiya”. Era el otoño de 2008, en la wilaya de Ausserd, cuando el primer bibliobús llegó a su jaima tras la inauguración de un festival de cultura saharaui. Allí recibió simbólicamente las llaves de aquel vehículo cargado de libros y sueños. Desde entonces, el proyecto contó con su cariño y su protección. Años después, también estuvo vinculada a la inauguración de la biblioteca de Bojador y al rodaje de Leyuad en el Tiris, donde los protagonistas eran poetas que gozaban de su amistad.

Esa relación con Bubisher ayuda a entender bien quién fue Jadiya Hamdi. No fue solo una responsable institucional. Fue una mujer que apostó por la cultura como herramienta de futuro, por los libros como espacio de libertad y por la memoria como forma de resistencia. En la historia saharaui, donde las mujeres han sostenido campamentos, familias, instituciones, escuelas, hospitales y estructuras sociales enteras, Jadiya representó una forma serena pero firme de liderazgo.

Hay además una memoria personal que me resulta difícil separar de su figura. Como socio de Bubisher y visitante habitual de sus bibliotecas en los campamentos saharauis, y también como coordinador de la parte española de la Escuela de Cine saharaui, proyectos relacionados con el Ministerio de Cultura de la RASD, Jadiya Hamdi formó parte de ese paisaje cotidiano de compromiso, cultura y resistencia. Para ir desde mi jaima hasta la Escuela de Cine pasaba por delante de la jaima de Jadiya y Mohamed Abdelaziz, en el campamento del 27 de Febrero, después wilaya de Bojador. Allí vivieron durante años, en las mismas condiciones generales que el resto de la población refugiada, sin separarse de la vida común de su pueblo. Esa imagen, sencilla pero profundamente significativa, ayuda a entender mejor la dimensión humana y política de una generación que no concibió la causa saharaui como un discurso, sino como una forma diaria de vida.

También desde Francia llegaron homenajes que subrayaron esa dimensión internacional. Régine Villemont, presidenta de la Asociación de Amigos de la República Árabe Saharaui Democrática, la recordó como una gran mujer saharaui, portadora de mensajes de libertad y dignidad. Destacó su participación en iniciativas de solidaridad, en hermanamientos con comunas saharauis y en programas de acogida de niños y niñas saharauis durante el verano. Quienes la trataron resaltaron a menudo esa combinación difícil de firmeza, discreción y humildad.

Jadiya Hamdi falleció el 11 de julio de 2025, dejando un legado de cultura, compromiso y dignidad. Su memoria forma parte de la historia viva del pueblo saharaui.

Las fotografías conservan algo que los comunicados no siempre pueden explicar. En una aparece interviniendo, seria, atenta, con la palabra como instrumento de responsabilidad pública. En otra, en un espacio más íntimo, aparece la dimensión humana de una mujer cercana, hospitalaria, ligada a esa forma saharaui de recibir y compartir que también forma parte de la memoria de un pueblo. No hay contradicción entre ambas imágenes: la dirigente y la mujer cercana son la misma persona.

Jadiya Hamdi falleció el 11 de julio de 2025, tras una larga enfermedad. Su muerte cerró una página importante de la historia saharaui, pero no borró su legado. Hoy, al recordar a Lahbib Mohamed Abdelaziz, resulta justo recordar también de dónde venía: de Mohamed Abdelaziz, sí, pero también de Jadiya Hamdi. De una mujer que dejó huella en la política, en la cultura, en la educación, en la solidaridad internacional y en la memoria colectiva saharaui.

Recordarla ahora no es apartarse del duelo. Es completarlo. Porque la memoria saharaui no se construye solo con los nombres más repetidos, sino también con quienes sostuvieron, desde la palabra, la cultura y la dignidad, la continuidad de una causa que sigue pendiente de justicia.