Las operaciones militares saharauis desde 2020. Algunas apreciaciones.

Las operaciones militares saharauis desde 2020. Algunas apreciaciones.
 

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Director de Diario El Minuto para Argentina 

Buenos Aires (ECS).- La crisis de Guerguerat, fue sin ninguna duda un detonante, ante un impasse de treinta años, siendo ya inaceptable para los saharauis. El contexto internacional, imponía la necesidad de romper con un status quo, que solo fortalece la ocupación marroquí. Rabat con suma habilidad, logró que diversos países africanos instalaran consulados en la zona ocupada, en el marco de una política para legitimar su presencia. Un hecho realmente grave, y que seguramente hizo saltar las alarmas, la postura delirante del presidente Trump, a través de su cuenta de twitter, de reconocer la soberanía marroquí sobre las zonas ocupadas del Sahara, a cambio de normalizar las relaciones con Israel.

 
Por otro lado, Marruecos ha buscado atraer inversiones extranjeras en las zonas ocupadas y ha llevado a cabo acciones para contrarrestar los fallos desfavorables ante el máximo Tribunal Europeo, que claramente reconoció la ilegalidad de la presencia marroquí, a través de un aceitado lobby en distintos países de la Unión Europea, y con especial énfasis en España, país que ha demostrado ser sumamente permeable a las presiones del reino alauita. Ejemplo de ello la célebre carta del presidente español Pedro Sánchez, avalando de alguna manera la tesis marroquí, de establecer un régimen de autonomía especial para la zona ocupada.
 
Años previos a la crisis de Guerguerat, Marruecos ha llevado a cabo importantes compras militares, gracias al financiamiento de sus aliados del Golfo Pérsico. Estos contratos han beneficiado especialmente a poderosas empresas de defensa de Francia y Estados Unidos. El esfuerzo ha estado orientado al ámbito de la inteligencia, con el lanzamiento de un satélite de observación militar, compra de vehículos aéreos no tripulados (para reconocimiento, vigilancia, inteligencia electrónica y ataque), incremento del poder naval, con la llegada de fragatas, entre ellos un buque tipo FREMM, que puede lanzar misiles crucero (todavía no incorporados), modernización de la defensa aérea, con la llegada de aviones F16 de última generación y la mejora sustancial de las fuerzas mecanizadas/acorazadas con la llegada de tanques Abrams, de segunda mano, pero modernizados a niveles semejantes al US Army.
 
La reintroducción del servicio militar obligatorio, baja los costos de personal de las fuerzas marroquíes, lo que permite volcar mayores recursos para inversiones en equipamiento. El esfuerzo marroquí, sin ninguna duda está orientado a mejorar cualitativamente sus fuerzas armadas, incrementar sus capacidades convencionales, frente al creciente poder argelino y ante el incremento de las diferencias con España sobre espacios marítimos en Canarias y las ambiciones sobre los enclaves de Ceuta y Melilla.
 
El liderazgo saharaui, ante esta situación, debía tomar una decisión. La estrategia marroquí, podría alcanzar el objetivo tan preciado, de legitimar la ocupación militar e imponer una solución unilateral conflicto. Algo inadmisible, dado que ello pone en riesgo la existencia la Nación saharaui. Es por ello en base al objetivo de alcanzar la unidad nacional, en base a las fronteras heredadas, la crisis de Guerguerat, en noviembre de 2020, generó las condiciones para romper el cese el fuego, roto por la violación de Marruecos del Acuerdo Militar nro. 1 del Plan de Paz, al ocupar la zona controlada por la República Saharaui, y militarizarla, algo que está prohibido expresamente por el citado documento.
 
Las acciones militares saharauis, están en concordancia con el objetivo político de la República Saharaui o RASD, de obligar a Rabat a sentarse en una mesa de negociaciones para una salida al conflicto, acorde al derecho internacional. Al respecto vale la pena citar al pensador militar británico Sir Liddell Hart, que nos dice El objetivo militar deberá estar pautado por el objetivo político, pero conforme a una condición básica, la política no debe demandar al ámbito militar lo que es imposible de cumplir. Las acciones armadas a lo largo de los muros defensivos, se han caracterizado por un uso limitado de la fuerza, evitando hábilmente una escalada mayor, que derive en un conflicto que puede derivar en situaciones mucho más complejas, y que atraiga a otros actores, en claro perjuicio a los intereses de la RASD.
 
La inferioridad material y numérica de los saharauis frente a las fuerzas marroquíes, es una realidad evidente. Es por ello que el alto mando adoptó una postura en el plano táctico de carácter ofensivo. En otras palabras, la ofensiva impone situaciones y la defensiva las soporta. Asimismo, cabe agregar que las operaciones militares desarrolladas por el ELPS cumplen con una serie de premisas, que establece que no estamos ante improvisados en el arte de la guerra, apuntan a objetivos materiales correctamente seleccionados a lo largo de los Muros Defensivos, y partiendo de posiciones relativas favorables, apropiada distribución del poder combativo y una adecuada libertad de acción.
 
La escalada del conflicto, ha tenido a nuestro entender dividendos para la causa saharaui, dado el manejo limitada de esta. La oportunidad ha sido un factor fundamental, especialmente en el marco de la crisis global del COVID 19, donde los actores tradicionales del conflicto que sustentan a Marruecos, estaban centrados en lidiar con la pandemia. Por razones de política interna, Rabat en una primera etapa negó la crisis, lo que obligó a dar una respuesta limitada a las acciones armadas del ELPS, pero ante el incremento de la presión, ha optado por acciones con drones de ataque, que han generado víctimas civiles, generando tensiones con Mauritania y especialmente con Argelia. Este último actor ha desplegado fuerzas en la frontera común.
 
El esfuerzo, según ha trascendido, está orientado en el norte del Sahara Occidental, donde se concentra la actividad económica y puede poner en riesgo, aunque esa posibilidad está lejana, de actuar sobre la explotación minera de Bu Craa, pilar económico de la ocupación militar marroquí. La existencia de un “clima” bélico en el territorio, disuade a inversores extranjeros, de poder radicarse en las zonas ocupadas, vieja aspiración marroquí. Solo el expolio de los recursos naturales, permite a Rabat mantener altos niveles de subsidios para promover la llegada de colonos y actividades económicas, como el cultivo de tomates en invernaderos. La apertura del paso de Guerguerat, tenía que ver con el impulso de la economía en los territorios ocupados, especialmente gracias al contrabando y el mercado negro, que a la larga pueden generar perjuicios al propio Marruecos. La economía informal en la región del Sahara Sahel, está siendo copada lentamente por poderosas organizaciones terroristas.
 
El ELPS, se ha caracterizado por su flexibilidad ante el cambiante ambiente operacional. Debe lidiar con un enemigo que cuenta con modernos recursos tecnológicos, y que estos últimos años ha hecho un enorme esfuerzo para obtener sistemas de inteligencia táctica, vigilancia, reconocimiento, además de un enorme poder de fuego y mayor precisión, gracias a los medios adquiridos. Esto requiere un elevado nivel de esfuerzo en materia de reconocimiento y exploración, además de inteligencia humana o HUMINT, que permite explotar con suma habilidad el factor sorpresa, abrir fuego sobre bases marroquíes en los Muros Defensivos, para luego replegarse rápidamente son seguridad hacia los puntos de partida. El uso de la aviación marroquí, a pesar de los potentes medios que cuenta, han estado limitados, ya sea por razones políticas, de negar la escalada del conflicto, como de la capacidad antiaérea de baja cota saharaui, que tal vez se haya visto reforzada.
 
En el marco de este conflicto, estamos ante una verdadera situación de ambigüedad o zona gris. Las Naciones Unidas mantienen su presencia en el terreno, a través de la MINURSO.
 
Los saharauis, no han declarado formalmente la guerra, ni descartado la vigencia del Plan de Paz, ni se han retirado formalmente de este. Exigen el cumplimiento de los acuerdos de 1991. Por otro lado, llevan a cabo acciones militares de escala limitada, golpeando bases marroquíes en los muros defensivos, obligando a mantener un elevado nivel de alerta y el consiguiente desgaste para dichas guarniciones.
 
Los medios internacionales hablan de incidentes, incluso desde la Secretaria General de Naciones Unidas fue reconocido un millar de ataques / incidentes armados a lo largo de los muros defensivos desde el inicio de la crisis en noviembre de 2020. Sin ninguna duda una verdadera guerra de nervios. Marruecos responde indirectamente, presionando a España. La guerra de Ucrania, sin ninguna duda cambia el panorama. Sus principales aliados, Estados Unidos y Francia, están atento a lo que pasa en dicho país. Rabat de manera pragmática, ante el avance de Rusia y China, en África, ha optado por guardar silencio. Un doble juego, que tal vez, por la cercanía con la Casa Blanca y París, no puede seguir prolongándolo por mucho tiempo.
 
Los ataques limitados, permiten al ELPS evaluar el poder y despliegue real de las fuerzas marroquíes a lo largo de los muros. Es indudable que las operaciones son llevadas a cabo por vehículos ligeros todo terreno, organizados en patrullas de combate, apoyados por elementos de artillería. El incremento de la represión marroquí en las zonas ocupadas, pone en evidencia el temor, por posibles acciones “detrás de las líneas enemigas” por parte de elementos de operaciones especiales saharauis. Es indudable ante el silencio de Rabat, de negar pérdidas o minimizar el problema, pone en evidencia que existe una presión militar real por parte de la RASD.
 

Origen: Las operaciones militares saharauis desde 2020. Algunas apreciaciones.