14 de julio de 2026 | El próximo viaje del presidente español a Argelia, la movilización internacional para salvar al preso político saharaui y el análisis sobre la transformación colonial del territorio ocupado concentran una jornada que vuelve a situar al Sáhara Occidental ante las responsabilidades de España y de la comunidad internacional.
EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
La actualidad saharaui vuelve a reunir hoy diplomacia, derechos humanos y ocupación en una misma lectura. Pedro Sánchez viajará a Argelia el próximo 20 de julio, mientras se multiplican los llamamientos internacionales para salvar la vida de Naâma Asfari y continúan apareciendo nuevas pruebas de que la ocupación marroquí no consiste únicamente en controlar militarmente el Sáhara Occidental: también busca transformar su territorio, explotar sus recursos y debilitar cualquier posibilidad real de autodeterminación.
La noticia más seguida de la jornada es «Pedro Sánchez viajará a Argelia el 20 de julio tras la crisis provocada por su giro sobre el Sáhara Occidental». El desplazamiento confirma que el Gobierno español necesita reconstruir una relación deteriorada desde que Sánchez respaldó unilateralmente la propuesta marroquí de autonomía. La normalización con Argelia, sin embargo, no puede desligarse de la causa que provocó la ruptura. España pretende recuperar la cooperación política y económica sin revisar públicamente una decisión que dañó su credibilidad como antigua potencia administradora del territorio pendiente de descolonización.
La segunda noticia imprescindible continúa siendo la alerta urgente sobre Naâma Asfari, al borde de la muerte después de más de un mes en huelga de hambre. Organizaciones de México, Ecuador, Uruguay y otros países han reclamado su liberación inmediata, mientras PLASCO denuncia la gravedad de su situación y el nuevo escalamiento represivo contra los presos políticos saharauis y sus familias. También Sumar, socio del Gobierno, exige a Pedro Sánchez que presione a Marruecos. El Ejecutivo español ya no puede alegar desconocimiento: conoce el estado del preso político y dispone de relaciones privilegiadas con Rabat para reclamar una intervención urgente.
La tercera lectura destacada es la nueva entrega de «Cincuenta años bajo ocupación: ocupar también es transformar el Sáhara Occidental y explotar sus recursos». El trabajo explica que la ocupación no se limita a la presencia del ejército, la represión o las cárceles. Se sostiene también mediante asentamientos, inversiones, infraestructuras, apropiación de recursos y una transformación económica y demográfica dirigida a consolidar los hechos consumados. Comprender esta dimensión resulta esencial para entender por qué hablar de autonomía bajo soberanía marroquí no resuelve el problema, sino que pretende legitimar sus consecuencias.
Frente a ese cerco, la República Saharaui mantiene su presencia política y diplomática. Marruecos fracasó en su intento de excluirla de una conferencia africana sobre paz, seguridad y desarrollo; el presidente de Mauritania recibió a un enviado especial del presidente Brahim Ghali; y la RASD participó también en el Festival de Teatro Universitario Africano de Argel. Son noticias que contradicen el relato de una causa aislada o desaparecida: la República Saharaui continúa formando parte de la realidad institucional africana, por mucho que Rabat intente impedirlo.
La jornada deja además las imágenes de los municipios italianos que reciben a los Pequeños Embajadores de Paz y el eco de la ministra española de Juventud e Infancia reivindicando un «Sáhara libre» durante la recepción a menores de Vacaciones en Paz. La solidaridad sigue abriendo espacios que la política oficial intenta cerrar. Pero hoy la urgencia tiene un nombre: Naâma Asfari. Ningún viaje diplomático, ninguna declaración y ninguna reconstrucción de relaciones podrá considerarse completa mientras un preso político saharaui continúa poniendo en riesgo su vida ante el silencio de quienes sí tienen capacidad para actuar.
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