La nueva crisis fronteriza y un artículo publicado por un medio próximo al palacio marroquí devuelven a la actualidad una advertencia formulada en 2022: el apoyo español a la propuesta de autonomía para el Sáhara Occidental no iba a cerrar las exigencias territoriales de Rabat.
Publicado originalmente el 24 de marzo de 2022 · Actualizado el 31 de julio de 2026
Esta entrada ha sido completamente revisada y ampliada para incorporar la evolución de las relaciones entre España y Marruecos y la nueva crisis fronteriza de Ceuta.
En marzo de 2022, después de que Pedro Sánchez respaldara la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental, NOTEOLVIDES planteó una pregunta que vuelve hoy a cobrar actualidad: ¿serviría aquella concesión para estabilizar definitivamente las relaciones con Marruecos o convencería a Rabat de que la presión sobre España produce resultados?
Cuatro años después, la respuesta parece cada vez más clara. El giro español no ha eliminado las crisis fronterizas, no ha convertido la relación bilateral en una asociación entre iguales y tampoco ha hecho desaparecer las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla.
Del Sáhara Occidental a Ceuta y Melilla
El Gobierno de Pedro Sánchez presentó en 2022 su nueva posición sobre el Sáhara Occidental como el comienzo de una etapa de estabilidad, confianza y cooperación. España pasó a considerar la propuesta marroquí de autonomía como la base «más seria, creíble y realista» para resolver la cuestión.
La decisión suponía aceptar buena parte del marco político impuesto por Mohamed VI. Marruecos obtenía el respaldo que llevaba años reclamando mientras España esperaba recuperar la normalidad diplomática y garantizar la colaboración marroquí en materias como la inmigración, la seguridad y el control fronterizo.
Pero una concesión no necesariamente cierra las exigencias de quien la recibe. También puede demostrarle que la presión funciona.
La nueva crisis de Ceuta ha vuelto a mostrar que la estabilidad de las dos ciudades depende en buena medida de la vigilancia ejercida al otro lado de la frontera. Cuando Marruecos refuerza sus controles, las llegadas disminuyen. Cuando los relaja o sus agentes se retiran, España se encuentra en pocas horas ante una emergencia humana, política y de seguridad.
Un medio próximo al palacio habla de una recuperación «inevitable»
Durante esta crisis, Le360, presentado por HuffPost como uno de los medios más próximos a la monarquía marroquí, ha vuelto a calificar Ceuta y Melilla como «ciudades ocupadas» y a describir su incorporación a Marruecos como un desenlace «inevitable».
El artículo no constituye una declaración oficial del Gobierno marroquí, pero tampoco puede considerarse irrelevante. Mientras miles de personas cruzaban hacia Ceuta y las autoridades españolas trataban de recuperar el control, un medio cercano al poder utilizaba la crisis para cuestionar abiertamente la soberanía española sobre ambas ciudades.
No estamos, por tanto, ante una predicción abstracta. La reclamación reaparece precisamente cuando la presión fronteriza muestra cuánto depende España de la cooperación marroquí.
El precedente de 2021
Lo ocurrido recuerda inevitablemente a mayo de 2021. Entonces, miles de personas, entre ellas numerosos menores, cruzaron hacia Ceuta en plena crisis diplomática provocada por la atención hospitalaria prestada en España al dirigente saharaui Brahim Ghali.
El Parlamento Europeo rechazó expresamente que Marruecos utilizara el control fronterizo, la migración y los menores como instrumento de presión política contra España. Aquella resolución dejó establecido que no se trataba únicamente de una interpretación periodística o partidista.
La crisis actual no demuestra por sí sola que Rabat haya organizado cada salida ni que todas las personas que llegaron a Ceuta actuaran siguiendo instrucciones. Son, ante todo, ciudadanos que buscan escapar de la falta de perspectivas. Pero esa desesperación puede ser contenida, tolerada o utilizada por un Estado que mantiene un estrecho control sobre su territorio y sus fronteras.
Ceuta y Melilla no son el Sáhara Occidental
Conviene también rechazar una confusión interesada. Ceuta y Melilla no tienen el mismo estatuto jurídico que el Sáhara Occidental.
El Sáhara Occidental permanece incluido por Naciones Unidas en la lista de territorios no autónomos y su descolonización continúa pendiente. Ceuta y Melilla, por el contrario, forman parte del Estado español y no figuran en esa lista. Presentar los tres territorios como situaciones coloniales equivalentes es una estrategia política marroquí que pretende borrar una diferencia jurídica fundamental.
Marruecos ocupa el Sáhara Occidental y niega al pueblo saharaui su derecho a decidir, mientras utiliza el lenguaje de la descolonización para reclamar dos ciudades españolas. Esa contradicción revela que su política territorial no se basa en principios jurídicos coherentes, sino en una concepción expansionista del llamado «Gran Marruecos».
Una concesión no puso fin a las presiones
El apoyo de Pedro Sánchez a la propuesta de autonomía no convirtió a Marruecos en un vecino más previsible. Tampoco garantizó que Rabat renunciara a utilizar la frontera cuando quisiera enviar una advertencia a Madrid.
Hoy, los discursos sobre la «recuperación» de Ceuta y Melilla vuelven a aparecer en medios próximos al palacio. La frontera vuelve a convertirse en espacio de presión y España vuelve a evitar cualquier acusación directa contra Mohamed VI mientras moviliza todos sus recursos para afrontar las consecuencias.
En realidad, Marruecos no necesita anunciar solemnemente que volverá a reclamar Ceuta y Melilla. Cada vez que cuestiona su españolidad, las presenta como «ocupadas» o permite que una crisis fronteriza ponga a España contra las cuerdas, esa reclamación ya está en marcha.
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