El abogado y diplomático saharaui analiza en El Espectador el giro del nuevo Gobierno colombiano y se pregunta qué puede ganar Bogotá acercándose a Marruecos a cambio de comprometer su relación con la República Saharaui, su política africana y su propia tradición jurídica.

Mohamed Zrug vuelve hoy sobre el cambio de posición de Colombia respecto al Sáhara Occidental con una pregunta aparentemente sencilla: «¿Cuánto vale el Sáhara Occidental para Colombia?». La plantea en un artículo publicado en El Espectador y la convierte inmediatamente en otra mucho más incómoda: qué obtiene realmente Colombia con este giro y qué está dispuesta a perder a cambio.
Zrug parte de la decisión del nuevo Gobierno colombiano de respaldar la pretendida soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y recuerda que la cuestión no se reduce a un cambio diplomático. Colombia mantiene en su propia Constitución el respeto al derecho internacional y a la autodeterminación de los pueblos y, además, ocupa actualmente un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde el Sáhara Occidental continúa formando parte de la agenda.
Pero quizá la parte más interesante del artículo aparece cuando deja de preguntarse solamente por el Sáhara y examina qué puede ofrecer Marruecos a Colombia para justificar semejante cambio. Si detrás aparecen de nuevo las posibilidades de un tratado de libre comercio, inversiones o nuevas oportunidades económicas, Zrug recuerda que esas promesas llevan años sobre la mesa y que el intercambio comercial entre ambos países continúa teniendo una dimensión limitada.
A partir de ahí introduce una idea que merece especial atención: «Marruecos no es África». Acercarse a Rabat puede ser perfectamente una decisión de política exterior; convertir ese acercamiento en la puerta colombiana hacia el continente africano sería otra cosa. África son 55 Estados, más de 1.400 millones de habitantes, grandes mercados en expansión y una Unión Africana de la que la República Saharaui forma parte como Estado miembro.
Esa dimensión continental conecta además con el reciente análisis de M. Limam sobre la presencia de la República Saharaui en la Unión Africana y los intentos de Marruecos por excluirla.
Su advertencia resulta todavía más relevante si el acercamiento a Marruecos coincide con una reducción de la presencia diplomática colombiana en otros países africanos. En ese caso, sostiene Zrug, Bogotá podría estar ganando una relación bilateral mientras pierde interlocución precisamente en algunos de los espacios donde se está jugando buena parte del futuro político y económico del continente.
El artículo aborda también una cuestión especialmente sensible: los recursos naturales del Sáhara Occidental. Si los fosfatos u otros recursos del territorio acabaran entrando en futuras relaciones económicas entre Colombia y Marruecos, Bogotá tendría que responder cómo piensa garantizar que no participa en su explotación sin el consentimiento del pueblo saharaui.
No compartimos aquí el texto completo porque merece ser leído en su lugar de publicación. Pero sí recomendamos especialmente este nuevo análisis de Mohamed Zrug porque introduce algo que empieza a faltar después de dos días de titulares sobre Colombia: no preguntarse solamente qué decisión ha tomado Bogotá, sino si esa decisión tiene realmente sentido para los intereses colombianos.
👉TEXTO COMPLETO en Mohamed Zrug, «¿Cuánto vale el Sáhara Occidental para Colombia?», en El Espectador.
Y su conclusión resume perfectamente el argumento: el problema no está en que Colombia se acerque a Marruecos, sino en que pueda terminar alejándose de África para hacerlo.