¿SABÍAS QUE…? | Que la RASD no sea miembro de la ONU no significa que Naciones Unidas «no la reconozca»

Sede de Naciones Unidas. La pertenencia a la ONU y el reconocimiento diplomático de un Estado son cuestiones jurídicamente diferentes.

Ser miembro de Naciones Unidas y ser reconocido como Estado son cosas diferentes. La propia ONU lo explica así. La República Saharaui no pertenece a Naciones Unidas, pero sí es miembro de pleno derecho de la Unión Africana, mientras el Sáhara Occidental continúa pendiente de descolonización.

Carlos C. García

Una de las razones utilizadas por el nuevo Gobierno colombiano para justificar su cambio de posición sobre el Sáhara Occidental merece algo más de atención de la que aparentemente necesita. En su comunicado oficial, la Cancillería señala que la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) «no es reconocida como Estado miembro por las Naciones Unidas». Una formulación que puede parecer inocua, pero que mezcla dos cuestiones diferentes y conduce fácilmente a una conclusión que Naciones Unidas nunca ha establecido.

Porque no es la ONU quien reconoce a los Estados. El reconocimiento diplomático corresponde a los propios Estados: un Gobierno puede reconocer a otro Estado, establecer relaciones con él, suspenderlas o incluso retirar ese reconocimiento. Naciones Unidas hace otra cosa: admite Estados como miembros de la organización cuando se cumplen los procedimientos establecidos en su Carta.

Por eso es correcto decir que la República Saharaui no es miembro de Naciones Unidas. Lo que no resulta correcto es transformar ese dato en la afirmación de que «Naciones Unidas no reconoce a la RASD», como si la organización internacional hubiera adoptado alguna decisión declarando que la República Saharaui carece de existencia o legitimidad como Estado. No existe tal decisión.

La propia realidad africana ayuda a entender la diferencia. La República Árabe Saharaui Democrática es miembro de pleno derecho de la Unión Africana. Ingresó en 1982 en la entonces Organización para la Unidad Africana y continúa formando parte de su sucesora, la actual Unión Africana. Marruecos abandonó durante décadas la organización precisamente después de la incorporación saharaui y regresó finalmente en 2017 sin que la RASD dejara por ello de ocupar su lugar entre los Estados miembros.

Sobre la presencia de la República Saharaui en las instituciones africanas y los intentos de Marruecos por excluirla, puede leerse también: «¿Por qué Marruecos no logra excluir a la RASD de la Unión Africana?

Y todavía queda una tercera cuestión que tampoco conviene mezclar con las anteriores: el estatuto internacional del Sáhara Occidental.

Para Naciones Unidas, el Sáhara Occidental continúa figurando en la lista de Territorios No Autónomos pendientes de descolonización. Ese estatuto no cambia porque Colombia, Estados Unidos o cualquier otro Gobierno decida reconocer la soberanía marroquí sobre el territorio. Tampoco desaparece porque un país retire, suspenda o congele sus relaciones con la República Saharaui.

Ni siquiera las últimas resoluciones del Consejo de Seguridad han convertido al Sáhara Occidental en territorio marroquí. El Consejo continúa ocupándose del asunto, mantiene desplegada la MINURSO y sigue buscando una solución política para un territorio cuyo proceso de descolonización permanece inconcluso.

Conviene, por tanto, separar tres cosas que con demasiada frecuencia aparecen interesadamente confundidas: qué países reconocen a la República Saharaui, qué Estados son miembros de Naciones Unidas y cuál es el estatuto jurídico internacional del Sáhara Occidental.

La RASD no pertenece a Naciones Unidas. Eso es cierto.

Pero Naciones Unidas tampoco ha reconocido la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental ni ha decidido que la República Saharaui «no existe».

Y esa diferencia, aunque pueda parecer pequeña, es fundamental para entender muchas de las afirmaciones que estos días se presentan como hechos consumados.