
Los gobiernos cambian sus alianzas. Los pueblos no tienen por qué convertirse en enemigos. No es una contradicción. Es la diferencia entre cuestionar la política de un Gobierno y mantener la fraternidad con un pueblo.
Ayer, el nuevo Gobierno colombiano oficializaba uno de los cambios más profundos de su política hacia el Sáhara Occidental: congelaba las relaciones con la República Saharaui, asumía la reivindicación marroquí de soberanía sobre el territorio y anunciaba que esa nueva posición tendría también consecuencias en Naciones Unidas y en el Consejo de Seguridad.
Hoy, apenas unas horas después, la República Saharaui ha dirigido un mensaje de solidaridad al pueblo colombiano tras el grave terremoto que ha golpeado al país.
El texto, firmado por el ministro saharaui de Asuntos Exteriores, Mohamed Yeslem Beissat, expresa las condolencias por las víctimas, la solidaridad con las familias afectadas y los deseos de una pronta recuperación de las comunidades dañadas. No hay en el mensaje una sola referencia a la decisión adoptada por el nuevo Gobierno colombiano. Y quizá ahí esté precisamente lo significativo.
El giro de Bogotá merece toda la crítica política que hicimos ayer. Colombia ha decidido reconocer a Marruecos una soberanía sobre el Sáhara Occidental que Naciones Unidas no le ha otorgado y ha llegado a presentar el territorio saharaui como parte de «todo el territorio» marroquí. Pero la respuesta saharaui ante una tragedia humana recuerda que una decisión gubernamental no convierte al pueblo colombiano en adversario del pueblo saharaui.
La reacción saharaui de hoy permite además leer de otra manera lo ocurrido durante estos días. Primero llegó la condena del Frente POLISARIO al cambio colombiano. Después, organizaciones de América Latina rechazaron la decisión del nuevo Ejecutivo. Y ahora, cuando Colombia atraviesa horas dolorosas, la República Saharaui expresa públicamente su solidaridad con sus ciudadanos.
No es una contradicción. Es la diferencia entre cuestionar la política de un Gobierno y mantener la fraternidad con un pueblo.
La batalla africana que Marruecos no consigue cerrar
Entre las lecturas de ayer destacó especialmente el análisis enviado a NOTEOLVIDES por M. Limam Mohamed Ali Sidi Bachir, embajador de la República Saharaui en Kenia. A partir de la Conferencia de Mombasa, el diplomático examina los intentos marroquíes de excluir a la RASD de la Unión Africana y explica por qué esa estrategia sigue encontrando límites dentro del continente.
Un mapa que conviene no olvidar
También sigue mereciendo lectura una explicación básica que ayuda a entender muchas de las noticias de estos días: no todo el Sáhara Occidental está ocupado por Marruecos. El muro divide el territorio y existen zonas al este que permanecen fuera del control marroquí.
👉 ¿SABÍAS QUE…? | No todo el Sáhara Occidental está ocupado por Marruecos
Medio siglo que también deja huella en la salud
Y recomendamos igualmente volver sobre el análisis dedicado a las consecuencias sanitarias de cincuenta años de ocupación, exilio y abandono. La precariedad sanitaria, los recortes humanitarios, las dificultades para las evacuaciones médicas y la pérdida del control sobre los recursos forman parte de una misma realidad.
Más información en EL OBSERVADOR SAHARAUI y en SAHARA PRESS SERVICE.
La jornada comienza así con Colombia otra vez presente, pero desde un lugar diferente al de ayer.
Ayer hablábamos de decisiones de Gobierno, reconocimientos y alineamientos internacionales. Hoy hablamos de víctimas, familias y solidaridad.
Quizá convenga no confundir nunca una cosa con la otra. El pueblo saharaui sabe bien cuánto pueden cambiar los gobiernos. También sabe lo que significa necesitar la solidaridad de otros pueblos.