Taleb Alisalem pone el dedo en la llaga: Marruecos sí sabe vigilar un muro cuando quiere

El muro marroquí atraviesa el Sáhara Occidental y separa las zonas bajo ocupación de Marruecos de los territorios situados al este. Mapa: MINURSO / Naciones Unidas.

Mientras desde España se vuelve a discutir si Marruecos puede o no controlar los movimientos hacia Ceuta, el analista saharaui recuerda una realidad difícil de ignorar: Rabat lleva más de cuatro décadas manteniendo un gigantesco dispositivo militar que divide el Sáhara Occidental y garantiza el control de la mayor parte del territorio ocupado.

Por Carlos C. García

Taleb Alisalem ha puesto estos días sobre la mesa una comparación que resulta difícil pasar por alto. Cada vez que se produce una crisis en Ceuta volvemos a escuchar explicaciones sobre la dificultad de controlar la frontera, las playas o los movimientos de miles de personas. Sin embargo, unos cientos de kilómetros más al sur, Marruecos lleva más de cuatro décadas manteniendo un inmenso dispositivo militar que atraviesa el Sáhara Occidental y que fue construido precisamente para impedir movimientos, controlar territorio y consolidar militarmente la ocupación.

Alisalem utiliza esa realidad para cuestionar el relato de la supuesta impotencia marroquí ante lo que ocurre en la frontera española. Y la comparación obliga a mirar el problema desde otro ángulo: Marruecos lleva décadas demostrando que puede construir, abastecer y vigilar un gigantesco dispositivo militar cuando considera prioritario controlar un territorio. Por eso, cuando en Ceuta se presenta la frontera terrestre —que ronda los ocho kilómetros— como un espacio prácticamente imposible de controlar, resulta inevitable preguntarse cuánto hay realmente de incapacidad y cuánto de decisión política.

La reflexión de Taleb nos sirve además para detenernos en algo que mencionamos constantemente en NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL sin explicarlo casi nunca con suficiente detalle. Hablamos de territorios ocupados y no ocupados, de localidades situadas al este o al oeste del muro, de minas, drones y posiciones militares, pero quizá no siempre dejamos claro qué es realmente ese muro que lleva más de cuarenta años partiendo físicamente el Sáhara Occidental.

Mucho más que una pared de arena

Los aproximadamente 2.700 kilómetros que suelen citarse no corresponden a una única pared uniforme extendida de norte a sur. El llamado muro marroquí, berma o Muro de la Vergüenza es un sistema de sucesivas líneas defensivas levantadas por Marruecos durante la guerra contra el Frente POLISARIO. Según el lugar, incluye elevaciones de arena y piedra, trincheras, alambradas, radares, posiciones militares, artillería y extensas zonas contaminadas por minas y otros restos explosivos.

Un documentado trabajo publicado estos días por la agencia uruguaya Uypress permite ordenar algunas cifras que durante años se han repetido de manera demasiado simple. Los cerca de 2.700 kilómetros hacen referencia al conjunto de líneas defensivas construidas en diferentes etapas, mientras Naciones Unidas utiliza aproximadamente 1.465 kilómetros al referirse a la principal berma en torno a la cual se concentra buena parte de la contaminación explosiva existente hoy.

Pero probablemente lo más importante no sea medir el muro, sino entender para qué sirvió. Marruecos comenzó a levantar aquellas defensas a comienzos de los años ochenta, cuando las fuerzas saharauis aprovechaban su conocimiento del desierto para desarrollar una guerra móvil que causaba importantes problemas al ejército marroquí. Las fotografías de Gérald Bloncourt de 1976 permiten asomarse a aquellos primeros años de la guerra del Frente POLISARIO contra las tropas marroquíes. La construcción progresiva de las distintas líneas defensivas hasta 1987 cambió el curso de la guerra y permitió a Rabat proteger El Aaiún, Smara, Dajla, los fosfatos de Bu Craa, la costa y las principales zonas económicamente estratégicas.

Así consiguió consolidar militarmente el control de aproximadamente tres cuartas partes del Sáhara Occidental, mientras al este quedaron extensas zonas que Marruecos no controla y que el Frente POLISARIO denomina territorios liberados. No todo el Sáhara Occidental está ocupado por Marruecos, y el muro es precisamente la línea que ayuda a entender esa división. 

Una división que continúa más de cuarenta años después

Algo parecido ocurre con las minas. Durante décadas hemos hablado de siete, nueve o diez millones y esas cifras aparecen en innumerables campañas de solidaridad y publicaciones sobre el conflicto. Sin embargo, UNMAS no certifica actualmente un número total concreto de esa magnitud. Lo que sí está perfectamente documentado es que amplias zonas próximas al muro siguen contaminadas por minas terrestres, municiones de racimo y otros restos explosivos de guerra, y que esa contaminación continúa condicionando los movimientos de civiles, pastores, ganado y personal humanitario.

No necesitamos añadir una sola mina que no podamos documentar. La realidad sigue siendo suficientemente grave: décadas después de terminada aquella fase de la guerra, una infraestructura militar construida en los años ochenta continúa dividiendo el territorio y condicionando la vida de la población saharaui.

Y es aquí donde regresamos a la comparación planteada por Taleb Alisalem. Marruecos ha demostrado durante décadas que posee capacidad para construir, abastecer, mantener y vigilar un dispositivo militar gigantesco en mitad del desierto cuando considera que están en juego sus objetivos políticos y territoriales. Resulta por tanto legítimo preguntarse qué parte de las crisis recurrentes en la frontera de Ceuta responde realmente a incapacidad y qué parte responde a decisiones políticas.

Nosotros llevamos tiempo pensando que esa pregunta merece hacerse. Pero el muro debería interesarnos incluso aunque Ceuta no apareciera hoy en ningún titular, porque el pueblo saharaui lleva más de cuarenta años viviendo con esa capacidad de control marroquí convertida en ocupación militar, vigilancia, minas y división territorial.

En 1991 se acordó un alto el fuego y nació la MINURSO con el objetivo de organizar un referéndum de autodeterminación que nunca llegó a celebrarse. En noviembre de 2020 aquel alto el fuego se quebró y volvieron los enfrentamientos. El muro, mientras tanto, continúa en el mismo sitio, como una enorme cicatriz atravesando un territorio cuyo proceso de descolonización sigue pendiente.

Por eso, cuando vemos esas imágenes de una interminable línea de arena protegida por posiciones militares, conviene recordar qué estamos mirando. No es la frontera de Marruecos. Es un muro construido por Marruecos dentro del Sáhara Occidental para mantener bajo su control la mayor parte de un territorio que sigue pendiente de descolonización.


LECTURA RECOMENDADA | El muro que divide el Sáhara Occidental, explicado sin necesidad de exagerar sus cifras. Uypress publica un análisis de Claudio Valenti sobre el muro de Marruecos en el Sáhara Occidental, aclarando datos sobre su extensión y el impacto del conflicto, resaltando la continua descolonización del territorio.