19 de julio de 2026 | La presión para salvar al preso político saharaui, la protesta frente al estreno de Christopher Nolan y la continuidad de los vuelos europeos hacia el territorio ocupado muestran las dos caras de la jornada: una vida en peligro y una ocupación que intenta convertirse en normalidad.
EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
La jornada deja una certeza incómoda: la ocupación marroquí del Sáhara Occidental no se sostiene únicamente mediante el muro, las cárceles, la represión y la vigilancia. También necesita que Dajla sea presentada como un destino turístico marroquí, que sus paisajes aparezcan en una gran producción cinematográfica sin contexto y que las aerolíneas europeas vuelen hacia el territorio como si su estatuto jurídico hubiera dejado de existir.
En el centro permanece la urgencia de Naâma Asfari. Después de más de cuarenta días en huelga de hambre, su estado de salud ha provocado nuevas advertencias del Frente Polisario, del Parlamento Saharaui y de organizaciones internacionales de derechos humanos. Sumar ha trasladado ahora el caso al Congreso y exige al Gobierno español que reclame su liberación inmediata, atención médica independiente y acceso para su familia y los organismos internacionales. No estamos ante una declaración simbólica: estamos ante la obligación de actuar antes de que una protesta extrema termine en una tragedia anunciada.
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El estreno de La Odisea mostró otra dimensión de la misma batalla. Una película construida alrededor del desarraigo y el regreso al hogar ha utilizado como decorado una tierra de la que una parte de su población fue expulsada y a la que todavía no puede regresar libremente. Las acciones realizadas ante los cines, el llamamiento al boicot y las denuncias saharauis han conseguido que Dajla no aparezca solamente como un paisaje espectacular, sino como una ciudad del Sáhara Occidental ocupada por Marruecos.
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La contradicción se repite en el espacio aéreo. El Sáhara Occidental continúa fuera del acuerdo entre la Unión Europea y Marruecos porque no forma parte del territorio marroquí. Sin embargo, compañías europeas siguen comercializando vuelos a Dajla como si esa separación jurídica no existiera. El Derecho conserva la frontera que la propaganda y los intereses económicos intentan borrar: una cosa es Marruecos y otra, jurídicamente distinta, el territorio saharaui pendiente de descolonización.
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Una cárcel, una pantalla de cine y una ruta aérea pueden parecer asuntos separados. No lo son. Los tres muestran cómo funciona la ocupación: castiga a quienes se resisten, utiliza la cultura para normalizar el territorio ocupado y convierte los hechos consumados en actividad económica cotidiana. La respuesta también debe actuar en todos esos espacios: salvar la vida de Naâma Asfari, denunciar la utilización de Dajla y exigir que Europa respete en la práctica la legalidad que reconoce sobre el papel.
La prioridad inmediata continúa teniendo un nombre: Naâma Asfari. Pero defender su vida significa también enfrentarse al sistema que intenta aislarlo, silenciarlo y presentar como normal la ocupación contra la que lleva años luchando.
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