LECTURA DEL DÍA | El Sáhara Occidental entre la vida de Naâma Asfari, la cárcel y la normalización de la ocupación

12 de julio de 2026 | La situación crítica del preso político saharaui, el uso sistemático de las cárceles contra la resistencia y la apropiación del deporte y de los espacios académicos muestran las distintas formas con las que Marruecos intenta sostener y normalizar la ocupación

 

EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL


La jornada comienza con una alerta que debería ocupar un lugar central en la agenda internacional. El preso político saharaui Naâma Asfari se encuentra en una situación médica crítica en la prisión marroquí de Kenitra, después de más de un mes en huelga de hambre indefinida. El Ministerio saharaui de Asuntos de las Zonas Ocupadas y la Diáspora advierte de que su vida corre peligro y reclama una intervención urgente para garantizar su atención médica y su integridad física.

Asfari, de 56 años, lleva más de quince años encarcelado y cumple una condena de treinta años impuesta tras el desmantelamiento del campamento de protesta de Gdeim Izik. Las confesiones utilizadas contra él fueron denunciadas como obtenidas bajo tortura y su esposa, la activista francesa Claude Mangin, no ha podido visitarlo durante los últimos ocho años porque Marruecos le impide entrar en el país. Su aislamiento no es únicamente penitenciario: alcanza también a su familia y busca borrar su presencia del espacio público.

Precisamente sobre esa función de la cárcel trata la cuarta entrega de LECTURA IMPRESCINDIBLE | Cincuenta años bajo ocupación: la cárcel como herramienta contra la resistencia saharaui. Victoria G. Corera recorre el informe de la Asociación Europea de Juristas por la Democracia y los Derechos Humanos para explicar que las detenciones, la tortura, los juicios sin garantías, el aislamiento y los traslados a prisiones alejadas del Sáhara Occidental no son abusos desconectados. Forman parte de un mismo sistema destinado a quebrar a los presos, castigar a sus familias y desalentar cualquier movilización política.

El mapa de los 27 presos políticos saharauis dispersados en ocho cárceles marroquíes permite comprobar de forma concreta esa política. La distancia de cientos o miles de kilómetros dificulta las visitas, aumenta el coste para las familias y convierte cada traslado en una pena añadida. La situación de Naâma Asfari no puede entenderse, por tanto, como un caso individual: es la expresión más urgente de un mecanismo de represión prolongado y organizado.


La ocupación también intenta normalizarse fuera de las prisiones. El TEMA DEL DÍA | El fútbol también ocupa: por qué los saharauis celebraron la derrota de Marruecos mostró cómo los grandes acontecimientos deportivos son utilizados para proyectar una imagen de estabilidad y legitimidad sobre un territorio pendiente de descolonización. En paralelo, las visitas académicas a El Aaiún y Dajla ocupadas y la financiación española de proyectos vinculados al Mundial de 2030 vuelven a plantear la misma cuestión: hasta qué punto instituciones, empresas y gobiernos están contribuyendo a presentar como normal una ocupación que el Derecho Internacional no reconoce.

Frente a esa estrategia, la solidaridad cotidiana continúa abriendo otros espacios. Vacaciones en Paz y la llegada a Italia de los llamados “Pequeños Embajadores de la Paz” recuerdan que detrás de cada noticia existen personas, familias y una sociedad que lleva medio siglo resistiendo entre la ocupación y el exilio. Las sonrisas de los menores saharauis no borran las cárceles, el muro ni la separación familiar, pero mantienen viva una causa que Marruecos no ha conseguido hacer desaparecer.

La lectura del día deja así una conclusión difícil de eludir: la batalla del Sáhara Occidental no se libra solamente en las negociaciones internacionales. Se libra en las cárceles, en las universidades, en los estadios, en los medios de comunicación y también en cada gesto de solidaridad que impide que la ocupación se convierta en olvido.