
LA LECTURA DEL DÍA — 28 de julio de 2026 | Un vídeo convierte una carretera en un homenaje a Trump, EL PAÍS reconoce la deuda española pero presenta la autonomía como desenlace asumido y la palabra «pueblo» vuelve a mostrar todo su peso político y jurídico.
EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Las noticias de ayer parecían hablar de asuntos diferentes: una carretera, un editorial, una ley de nacionalidad, una película, un documental y una nueva entrega de nuestra serie contra los bulos. Sin embargo, todas conducían a una misma cuestión: quién tiene derecho a nombrar el Sáhara Occidental, a interpretar su historia y a decidir el futuro de su pueblo.
La operación propagandística construida alrededor de la carretera Tiznit-Dajla ofrece un ejemplo evidente. Un vídeo la presentó bajo el nombre de Donald Trump y el presidente estadounidense agradeció públicamente el supuesto homenaje. Pero la infraestructura no es nueva, su construcción fue anunciada en 2015 y ni siquiera consta una denominación oficial. Lo verdaderamente importante no era la carretera, sino el relato: mostrar como una vía interior marroquí un trazado que atraviesa El Aaiún y llega hasta Dajla, dentro del Sáhara Occidental ocupado. El diario argelino El Watan lo interpretó como una nueva muestra de la adulación de Rabat a Trump para preservar el reconocimiento estadounidense de las pretensiones marroquíes sobre el territorio.
La misma batalla se libra en una sola palabra. El intento de sustituir «pueblo saharaui» por «población saharaui» durante la tramitación de la Ley de Nacionalidad no era una corrección inocente. Un pueblo es titular de derechos colectivos: posee una tierra, unos recursos y el derecho a decidir su estatuto político. Una población puede ser reducida a quienes habitan actualmente un territorio, excluyendo a quienes fueron expulsados, viven en los campamentos de refugiados o forman parte de la diáspora. Por eso publicamos ayer «El pueblo saharaui existe y tiene derecho a decidir». Negar al pueblo es el primer paso para intentar negar también su autodeterminación.
También resultó significativo el editorial de EL PAÍS. El periódico reclamó la aprobación de la Ley de Nacionalidad Saharaui y reconoció la deuda histórica causada por el abandono español de 1975. Es un pronunciamiento importante, pero acompañado de una lectura peligrosa: presentar la autonomía marroquí como la dirección ya asumida por la comunidad internacional. El Consejo de Seguridad no ha reconocido la soberanía de Marruecos ni ha eliminado el derecho saharaui a la autodeterminación. Reparar parcialmente a miles de personas mediante la nacionalidad no puede convertirse en la compensación ofrecida a cambio de cerrar el derecho colectivo de todo un pueblo.
EL OBSERVADOR SAHARAUI completó ayer esta batalla por el relato desde varios frentes. La lectura crítica del editorial de EL PAÍS mostró la contradicción entre reconocer la deuda española con el pueblo saharaui y presentar la autonomía marroquí como un desenlace prácticamente asumido. La iniciativa de Sumar recordó que también los mapas y las competiciones deportivas pueden utilizarse para normalizar la ocupación, mientras Madrid volvió a reclamar la libertad de los presos políticos saharauis. A ello se sumó La Berma, el documental sobre una desminadora saharaui que devuelve la mirada a la realidad física del territorio: un país dividido por un muro y sembrado de minas, donde las consecuencias de la ocupación forman parte de la vida cotidiana.
La batalla por el Sáhara Occidental no se libra únicamente en Naciones Unidas, los tribunales o el frente militar. También se disputa en una carretera, en un mapa deportivo, en el decorado de una película, en el editorial de un periódico y en la elección entre «pueblo» y «población».
Por eso debemos seguir nombrándolo con claridad: pueblo saharaui, territorio ocupado y descolonización pendiente. Ningún homenaje a Trump, ninguna campaña de propaganda y ningún consenso fabricado pueden convertir la ocupación en soberanía ni sustituir la voluntad de quienes tienen derecho a decidir.