El Sáhara Occidental en 2026: mucha diplomacia, poca resolución

Por Victoria G. Corera (Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL)

En los últimos días, el Sáhara Occidental ha vuelto a ocupar espacio en la agenda internacional. Declaraciones de Estados Unidos, nuevos posicionamientos de terceros países y movimientos diplomáticos en distintos frentes parecen indicar que algo se está activando. Sin embargo, una mirada más detenida revela una realidad distinta: hay más actividad política, pero no necesariamente más avances hacia una solución.

La sensación que deja este momento es clara. El conflicto se mueve… pero no se resuelve.

Estados Unidos: presión para avanzar, sin cambiar el marco

La gira del subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, por Argelia y Marruecos ha reintroducido el Sáhara Occidental en el centro del debate diplomático. Sus declaraciones apuntan a la necesidad de una solución “pacífica” en un “plazo razonable”, una formulación que transmite urgencia, pero no redefine el enfoque.

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En paralelo, Washington mantiene su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el territorio y su respaldo al plan de autonomía como base de negociación. Es decir, impulsa el proceso… pero dentro de los mismos límites que llevan años bloqueándolo.

La presión existe, pero no implica necesariamente un cambio de rumbo.

El tablero internacional: apoyos que no convergen

A este movimiento se suman otros actores. Canadá ha expresado su apoyo al plan marroquí de autonomía, alineándose con una tendencia que ya habían marcado otras potencias occidentales.

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Al mismo tiempo, desde otros espacios —especialmente en África y en el ámbito diplomático vinculado al Frente Polisario— se sigue insistiendo en el principio de autodeterminación como base del proceso. Las recientes reuniones en Moscú o el respaldo reiterado de países como Namibia o Zimbabue reflejan esa continuidad.

El resultado es un escenario de apoyos que no convergen.
No hay un consenso internacional en torno a la solución, sino una coexistencia de posiciones que se neutralizan entre sí.

España: el síntoma de una cuestión no resuelta

En paralelo, el debate sobre la nacionalidad de las personas saharauis ha regresado al Congreso español. La propuesta legislativa en curso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que lleva décadas sin resolverse del todo.

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Más allá del contenido concreto de la ley, lo relevante es lo que revela: la persistencia de un vínculo jurídico e histórico que nunca fue plenamente cerrado tras la retirada de España en 1975.

En este sentido, el debate sobre la nacionalidad no es el núcleo del problema, sino una manifestación de algo más profundo: la ausencia de una solución definitiva al proceso de descolonización.

España aparece así como un actor clave… pero también como uno de los espacios donde esa contradicción se hace más visible.

Sobre el terreno: una realidad que no cambia

Mientras la diplomacia se mueve, la realidad sobre el terreno sigue marcada por dinámicas que no apuntan precisamente hacia una resolución próxima.

El uso de drones en zonas fuera de control directo, documentado en los últimos años, ha introducido nuevas formas de conflicto que afectan directamente a la población civil.

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A ello se suman las condiciones en los campamentos de refugiados, la persistencia de denuncias por violaciones de derechos humanos y una situación general que sigue lejos de cualquier escenario de normalización.

Frente a esta realidad, iniciativas como el FiSahara mantienen viva la visibilidad internacional del pueblo saharaui, pero no alteran el equilibrio político del conflicto.

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Una dinámica conocida: gestionar el conflicto sin resolverlo

Lo que emerge de este conjunto de elementos no es un proceso de resolución, sino una dinámica distinta: la gestión del conflicto.

Las declaraciones diplomáticas, los apoyos internacionales y los debates legislativos generan la impresión de movimiento, pero no modifican los factores estructurales que impiden una solución.

El derecho internacional sigue estableciendo el marco —el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación—, pero su aplicación continúa dependiendo de equilibrios políticos que, por ahora, no se han alterado de forma significativa.

Cierre: el conflicto sigue donde estaba

En 2026, el Sáhara Occidental no es un conflicto olvidado.
Es un conflicto gestionado.

Hay más diplomacia, más declaraciones y más presencia en la agenda internacional. Pero eso no se traduce, al menos por ahora, en avances concretos hacia una solución.

Y esa es, probablemente, la clave de este momento:
el conflicto se mueve… pero sigue exactamente donde estaba en lo esencial.