5 de agosto de 2026 — La crisis de Ceuta ha mostrado hasta dónde puede llegar la capacidad de presión de Marruecos sobre España y Europa. Hoy queremos volver la mirada al Sáhara Occidental, donde el pueblo saharaui conoce desde hace medio siglo esa política de presión, hechos consumados y búsqueda permanente de legitimación internacional.
EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Durante varios días Ceuta ha ocupado inevitablemente buena parte de nuestra información. No podía ser de otra manera. Lo sucedido ha sido demasiado grave y, sobre todo, ha permitido ver con una claridad poco habitual la fragilidad de una relación con Marruecos que España continúa presentando como estratégica y estable. Hemos visto una frontera que puede pasar en muy poco tiempo del descontrol al control, un Gobierno español que agradece después la colaboración de Rabat y una Europa que, sin atreverse todavía a señalar abiertamente al responsable, empieza a hablar de instrumentalización migratoria y de «amenaza híbrida».
Pero NOTEOLVIDES no nació para hablar de Ceuta. Nos interesa Ceuta porque nos ayuda a entender el Sáhara Occidental. Porque detrás de aquella frontera aparece el mismo Marruecos con el que España decidió modificar en 2022 su posición sobre la descolonización saharaui buscando precisamente estabilidad, cooperación y una nueva relación. Cuatro años después, aquella dependencia no ha desaparecido. Y la crisis de estos días ha dejado una pregunta que conviene conservar cuando las cámaras se marchen de Ceuta: ¿qué capacidad de presión hemos entregado a Rabat a cambio de una estabilidad que puede desaparecer cuando Marruecos decide que le interesa?
Ayer, precisamente, dos de nuestros textos más leídos abordaban esa cuestión desde ángulos diferentes. El análisis sobre el informe estadounidense que sitúa Ceuta y Melilla «en territorio marroquí» y habla de su «futuro estatus» no demuestra que Washington haya decidido entregar las ciudades a Marruecos —eso sería falso—, pero sí muestra hasta qué punto determinados planteamientos marroquíes encuentran espacio incluso en documentos estadounidenses. Y nuestro análisis sobre por qué España y Europa evitan culpar directamente a Marruecos vuelve sobre la paradoja central: Europa sospecha que la migración puede utilizarse como instrumento de presión y, al mismo tiempo, continúa financiando y fortaleciendo al país del que depende para impedirlo.
Desde ahí queremos regresar hoy al centro de nuestra página. Mientras discutíamos sobre Ceuta, el Frente POLISARIO recordaba que Marruecos sigue siendo el principal obstáculo para una solución del Sáhara Occidental y rechazaba cualquier «pseudo-solución» destinada a sustituir la autodeterminación por la aceptación de la ocupación. No es una cuestión secundaria frente a las crisis de estos días: es precisamente el problema que España creyó poder aparcar acercándose a las posiciones de Rabat. La posición saharaui sigue siendo la misma: puede haber negociaciones, iniciativas estadounidenses o nuevas fórmulas diplomáticas, pero ninguna de ellas puede eliminar el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro. El POLISARIO señala a Marruecos como principal obstáculo y rechaza cualquier «pseudo-solución».
Y hay otra imagen de la jornada que merece espacio precisamente porque nos permite salir de la lógica de la crisis. La bandera saharaui ondea estos días en Gonfreville-l’Orcher, en Normandía, donde la selección sub-17 prepara dos encuentros amistosos. Puede parecer una noticia pequeña frente a la geopolítica, pero no lo es tanto. Mientras Marruecos emplea enormes recursos para conseguir que el mundo trate al Sáhara Occidental ocupado como territorio marroquí, una bandera saharaui izada públicamente en un ayuntamiento europeo recuerda algo elemental: el pueblo saharaui continúa existiendo, representándose a sí mismo y negándose a desaparecer del mapa.
Quizá esa sea también la conclusión que debemos sacar de Ceuta antes de empezar a dejarla atrás. Para nosotros, la cuestión nunca fue solamente quién abrió una frontera ni quién consiguió cerrarla después. Ceuta ha mostrado una cara de Marruecos que los saharauis conocen desde hace demasiado tiempo: presión cuando conviene, hechos consumados, utilización de las dependencias ajenas y una enorme capacidad para conseguir que quienes necesitan su colaboración terminen aceptando parte de su relato. Por eso volvemos hoy al Sáhara Occidental. Allí sigue estando nuestra razón de ser. 🇪🇭
5 de agosto de 2026 — La crisis de Ceuta ha mostrado hasta dónde puede llegar la capacidad de presión de Marruecos sobre España y Europa. Hoy queremos volver la mirada al Sáhara Occidental, donde el pueblo saharaui conoce desde hace medio siglo esa política de presión, hechos consumados y búsqueda permanente de legitimación internacional.