Sáhara Occidental: lo que hay que saber hoy (29 de abril de 2026)

Hoy, 29 de abril de 2026, la actualidad del Sáhara Occidental ha girado en torno a una idea que vuelve una y otra vez: el conflicto sigue abierto en todos los planos —jurídico, político y sobre el terreno—, aunque no siempre ocupe el lugar que le corresponde en la agenda internacional.

En España, el debate sobre la nacionalidad saharaui ha recuperado protagonismo en el Congreso. La reactivación de la ley no es un trámite más. Llega tras años de bloqueo y en un contexto marcado por decisiones recientes —como la regularización que ha dejado fuera a muchos saharauis— que han vuelto a poner sobre la mesa una cuestión de fondo: qué responsabilidad asume hoy España respecto a quienes nacieron bajo su administración. No es solo una discusión legal. Es una discusión política pendiente desde 1975.

Al mismo tiempo, otra realidad menos visible sigue desarrollándose lejos de los focos. Los ataques con drones marroquíes en los territorios al este del muro vuelven a situar el conflicto en una dimensión que rara vez se aborda: la de una guerra de baja intensidad, sin presencia terrestre y con escasa rendición de cuentas. Las víctimas no son combatientes identificados, sino en muchos casos civiles —pastores, transportistas, buscadores de oro— que se mueven en un territorio donde la vigilancia aérea se ha convertido en una amenaza constante.

En el plano internacional, la jornada deja también movimientos relevantes. Mientras Rusia insiste en una solución basada en las resoluciones de la ONU y países como Namibia o Zimbabue reafirman su apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, Estados Unidos ha introducido un matiz significativo en su discurso. El subsecretario de Estado, Christopher Landau, ha afirmado en Rabat que Washington trabaja por una solución «pacífica», pero también «en un plazo razonable», en línea con la última resolución del Consejo de Seguridad y manteniendo su respaldo al plan de autonomía marroquí como base de negociación. No son movimientos espectaculares, pero sí constantes. Y en un conflicto como este, la constancia importa.

Junto a ello, la dimensión social y cultural vuelve a abrirse paso desde los campamentos de refugiados. El inicio del FiSahara en Ausserd recuerda que, más allá de la diplomacia y la geopolítica, el pueblo saharaui sigue construyendo espacios de expresión, memoria y reivindicación. El cine, en este caso, vuelve a convertirse en una herramienta para contar una historia que demasiadas veces queda fuera del relato dominante.

Todo esto ocurre al mismo tiempo. Y esa es, probablemente, la clave del día.

Porque el Sáhara Occidental no es solo una cuestión del pasado ni un conflicto congelado. Es una realidad que se mueve en varios niveles a la vez: en los parlamentos, en los tribunales, en el terreno y en la vida cotidiana de un pueblo que sigue esperando una solución que el derecho internacional reconoce, pero que la política sigue sin materializar.