
Durante años, la denuncia sobre los recursos naturales del Sáhara Occidental se ha centrado en quién extrae los fosfatos, quién pesca en sus aguas o quién explota su potencial energético. Un nuevo informe de SONREP propone mirar también lo que queda después: el coste ambiental de medio siglo de explotación de un territorio cuyo pueblo todavía no ha podido decidir sobre sus recursos.
El Sáhara Occidental es un territorio rico en recursos naturales. Fosfatos, uno de los bancos pesqueros más importantes del Atlántico, arena y unas condiciones excepcionales para la producción de energía eólica y solar han convertido esa riqueza en una de las dimensiones económicas fundamentales de la ocupación. En NOTEOLVIDES lo hemos seguido durante años y el pasado junio recordábamos que el expolio de los recursos naturales saharauis no constituye una cuestión secundaria: detrás de cada barco, cada tonelada de fosfato o cada nuevo proyecto energético permanece la misma pregunta sobre el consentimiento del pueblo del territorio.
Pero existe otra pregunta que ha recibido bastante menos atención: ¿qué queda en el Sáhara Occidental después de extraer esa riqueza? El Observatorio Saharaui de Vigilancia de los Recursos Naturales y Protección del Medio Ambiente (SONREP) presentará el próximo sábado el informe La Huella del Saqueo: El Costo medioambiental del Saqueo de Recursos Naturales en el Sáhara Occidental. El propio título introduce una perspectiva importante: medir el expolio no solamente por el valor económico de lo que sale del territorio, sino también por las consecuencias ambientales que permanecen en él.
El problema afecta a actividades muy diferentes. La explotación de los fosfatos de Bou Craa, la presión sobre los recursos pesqueros, la extracción de arena o el desarrollo de nuevas infraestructuras transforman el territorio y consumen recursos. A ellos se suma una nueva generación de proyectos vinculados a las energías renovables, el hidrógeno y el amoníaco verde, la desalación y las grandes infraestructuras necesarias para producirlos y exportarlos. SONREP lleva tiempo advirtiendo de que presentar estas inversiones únicamente bajo la etiqueta de la transición energética puede ocultar una cuestión anterior: quién ha decidido que esos recursos pueden explotarse y quién asumirá sus consecuencias ambientales.
Ahí aparece una paradoja especialmente significativa. Una actividad puede ser «verde» por la energía que produce y, al mismo tiempo, plantear problemas políticos, jurídicos y ambientales por el lugar y las condiciones en las que se desarrolla. Un parque eólico no resuelve por sí mismo la cuestión del consentimiento de la población del territorio. Tampoco lo hace una planta de hidrógeno verde. La transición energética no convierte automáticamente en sostenible cualquier proyecto ni elimina la necesidad de determinar quién tiene derecho a decidir sobre los recursos utilizados.
La cuestión adquiere todavía más importancia cuando se observa a largo plazo. Los beneficios económicos de la explotación pueden salir del Sáhara Occidental, mientras determinadas consecuencias —agotamiento de recursos, transformación del litoral, presión sobre ecosistemas, consumo de agua o alteración del paisaje— permanecen sobre el terreno. Son efectos que puede acabar heredando precisamente el pueblo saharaui, que continúa sin haber podido ejercer plenamente su derecho a decidir el futuro del territorio y de sus recursos.
Por eso hablar de justicia ambiental en el Sáhara Occidental obliga a ir más allá de contabilizar toneladas, megavatios o millones de dólares. Significa preguntarse quién decide, quién obtiene los beneficios, quién soporta los costes y qué territorio quedará para las generaciones futuras. SONREP y AREN llevan años documentando diferentes dimensiones de esa realidad desde ámbitos distintos, convirtiendo la vigilancia de los recursos en otra forma de defensa de los derechos del pueblo saharaui.
El informe que SONREP presentará el sábado permitirá comprobar hasta dónde puede documentarse esa huella y qué datos nuevos aporta. Entonces habrá que leerlo con detenimiento. Pero la pregunta que plantea merece formularse ya: si el Sáhara Occidental continúa pendiente de descolonización, ¿quién tiene derecho a decidir no solamente sobre la riqueza que se extrae hoy, sino sobre el territorio que quedará mañana?
Fuentes: hemeroteca de NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL.
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