Si el resultado ya está decidido, ¿qué queda por negociar en el Sáhara Occidental?

Grupo de saharauis preparado para participar en un desfile de conmemoración tradicional en los campamentos de refugiados. Foto: Carlos Cristóbal.

El problema ya no es únicamente si habrá o no referéndum. La cuestión es si todavía existe una negociación sobre el futuro del Sáhara Occidental o si lo que se prepara es una negociación sobre cómo aplicar un futuro decidido previamente.

Porque si la soberanía marroquí se fija de antemano y la autonomía pasa a ser la única base posible, lo que queda sobre la mesa ya no es el estatuto final del territorio, sino las condiciones bajo las que el pueblo saharaui debería aceptar una solución definida antes de empezar a negociar.

Eso explica buena parte de la reacción del Frente POLISARIO. Brahim Ghali ha respondido directamente a António Guterres rechazando que el proceso pueda reducirse a discutir una autonomía bajo soberanía marroquí y advirtiendo de que el POLISARIO reconsideraría su participación en todo el proceso político si el resultado queda predeterminado. No se trata solo de rechazar una propuesta concreta: se trata de preguntarse qué sentido tiene sentarse a negociar cuando aquello que debería ser objeto de la negociación ya ha sido decidido.

La misma pregunta está detrás de la advertencia de Christopher Ross contra una solución impuesta. Una solución puede ser defendida por grandes potencias, presentada como realista o considerada conveniente, pero eso no la convierte automáticamente en una solución negociada. Y menos aún en una solución mutuamente aceptable si una de las partes solo puede discutir los detalles de un marco cuya conclusión esencial —la soberanía sobre el territorio— ya viene cerrada.

Por eso también cobra sentido recuperar el terreno jurídico. Haddamin Moulud Said propone volver a La Haya precisamente porque detrás de toda esta discusión permanece una pregunta que ninguna ingeniería diplomática puede borrar: quién tiene derecho a decidir el estatuto definitivo del Sáhara Occidental. Si esa pregunta desaparece del proceso político sin haber sido resuelta, no desaparece el problema; simplemente se desplaza fuera de la negociación.

Tampoco conviene reducir todo este momento a Washington. Europa, África y la propia ONU siguen diciendo otras cosas, y el Sáhara Occidental continúa formando parte de un expediente de descolonización que no puede transformarse únicamente mediante un cambio de lenguaje en una resolución del Consejo de Seguridad. EEUU tiene un peso decisivo en el Consejo y conduce la redacción del proyecto, pero eso no convierte por sí solo una cuestión de estatuto pendiente en una cuestión ya resuelta.

Quizá ahí esté la verdadera decisión que se aproxima en Nueva York. No solo si la MINURSO conserva o pierde la palabra «Referéndum», ni siquiera si la autonomía gana espacio en una resolución. Lo esencial es determinar si Naciones Unidas seguirá patrocinando una negociación sobre el futuro del Sáhara Occidental o si pasará a gestionar una negociación sobre cómo aplicar un futuro previamente decidido. Son dos cosas muy distintas. Y para el pueblo saharaui, esa diferencia contiene casi todo lo que está en juego.

LA LECTURA DEL DÍA — 25 de octubre de 2026 | CARLOS CRISTÓBAL

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