
La votación del jueves 10 de septiembre coloca de nuevo ante el Congreso una cuestión que España arrastra desde hace medio siglo: qué hacer con la relación jurídica que mantuvo con los saharauis durante décadas de administración colonial. La semana comienza además con la reanudación en Madrid de las concentraciones por los presos políticos saharauis y con otra batalla menos visible, pero constante: distinguir lo que realmente dicen los gobiernos de lo que otros dicen que han dicho.
7 de septiembre de 2026 | NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Hoy hemos abierto la jornada con la que probablemente será una de las cuestiones centrales de esta semana: la nacionalidad española de los saharauis nacidos bajo administración española y sus descendientes. El jueves el Pleno del Congreso votará el dictamen de la proposición de ley y decidirá si el texto continúa su camino hacia el Senado. No será todavía la aprobación definitiva, pero sí una etapa decisiva después de años de iniciativas, retrasos y debates sobre una situación que no nació con la actual crisis con Marruecos. España administró el Sáhara Occidental, censó a su población y expidió sus documentos antes de retirarse dejando demasiadas consecuencias sin resolver. Por eso la cuestión no puede reducirse ahora a una revancha contra Rabat ni a una derivada de Ceuta: estamos hablando de una responsabilidad anterior y mucho más profunda.
A esa semana se añade desde esta mañana una primera incógnita. La Razón asegura que el PSOE podría intentar retrasar el debate previsto para el jueves, aunque por ahora el Congreso mantiene oficialmente la proposición de ley en el orden del día. Mañana se reúne la Junta de Portavoces y habrá que comprobar si la posibilidad se convierte en un movimiento parlamentario real o queda simplemente en una nueva muestra de las tensiones que acompañan desde hace meses la tramitación de esta iniciativa.
La semana comienza también con una imagen muy distinta, pero vinculada a la misma historia. Este lunes vuelven a Madrid las concentraciones semanales por la libertad de los presos políticos saharauis, una protesta que lleva más de cinco años reuniéndose frente al Ministerio de Asuntos Exteriores. Mientras la diplomacia habla de planes, negociaciones y equilibrios regionales, cada lunes un pequeño grupo recuerda que existen personas concretas encarceladas, familias que esperan y denuncias de aislamiento, malos tratos y vulneraciones de derechos humanos que no deberían desaparecer detrás del lenguaje institucional. La persistencia de esas concentraciones es también una forma de medir cuánto tiempo lleva España escuchando las mismas reclamaciones sin que desaparezcan las causas que las originan.
Ayer dedicamos buena parte de la jornada a otra cuestión que puede parecer menor y no lo es: la diferencia entre apoyar el plan marroquí de autonomía y reconocer soberanía sobre el Sáhara Occidental. El caso de Dinamarca permitió comprobar cómo una formulación diplomática puede transformarse en otra cosa a medida que circula. El ministro danés respaldó la propuesta de autonomía como una base “creíble” para una solución consensuada entre las partes; Rabat presentó esa posición como parte de un movimiento internacional favorable a su soberanía, y determinados medios españoles terminaron recogiendo esa interpretación como si describiera exactamente la postura de Copenhague. La documentación oficial danesa de 2025 permite, sin embargo, separar ambos planos: Dinamarca ya había dejado escrito ante el Consejo de Seguridad que respaldar aquella vía no constituía un reconocimiento de soberanía marroquí.
Ese episodio encaja además con el extenso análisis publicado ayer por EL PAÍS sobre el fortalecimiento internacional de Marruecos. Rabat ha ganado apoyos, capacidad militar, alianzas y margen diplomático, y sería absurdo negarlo. Pero reconocer ese avance no obliga a entregar también lo que todavía no ha conseguido. Ganar apoyos no equivale a adquirir soberanía, del mismo modo que abrir consulados, atraer inversiones o conseguir que determinados gobiernos respalden la autonomía no modifica automáticamente el estatuto jurídico de un territorio pendiente de descolonización. El propio análisis acababa reconociendo que Marruecos continúa lejos de obtener un reconocimiento internacional pleno de la anexión.
Y entre tanta diplomacia, ayer también nos permitimos mirar el Sáhara desde una historia mucho más pequeña. Los recuerdos de verano de Tesh Sidi —el grifo del que parecía salir agua sin acabarse, el primer encuentro con el mar, Vacaciones en Paz, la familia y una infancia repartida entre los campamentos y España— recordaban algo que con frecuencia desaparece de los grandes análisis: detrás de cada resolución hay vidas que han crecido dentro de un exilio que se ha vuelto hereditario. A veces una anécdota doméstica explica mejor medio siglo de espera que un comunicado internacional.
Sahara Press Service recogió ayer también dos asuntos que ayudan a completar el cuadro de la jornada: por un lado, la aclaración sobre la posición de Dinamarca respecto al Sáhara Occidental, insistiendo en que el respaldo al plan de autonomía no equivale a un reconocimiento de soberanía marroquí; por otro, la reanudación este lunes en Madrid de las concentraciones semanales por la libertad de los presos políticos saharauis. Dos noticias distintas que vuelven a situar, desde la diplomacia y desde la calle, la misma cuestión de fondo: el Sáhara Occidental continúa presente tanto en el debate internacional como en la movilización cotidiana.
Empieza así una semana en la que habrá mucho ruido político alrededor del Sáhara Occidental. Nuestra intención será la misma de siempre: seguir la actualidad sin perder de vista lo que hay debajo de ella. El jueves llegará una votación importante sobre la nacionalidad, pero hoy siguen existiendo presos políticos, familias refugiadas, un territorio pendiente de descolonización y una población a la que demasiado a menudo se intenta sustituir por las decisiones que otros adoptan sobre su futuro.
Lecturas destacadas
Nacionalidad saharaui: la semana en que el Congreso debe decidir si la reparación histórica sigue adelante
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Dinamarca NO ha reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental: lo que dijo y lo que Rabat dice que dijo
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Marruecos gana apoyos, pero no soberanía: lo que deja abierto el análisis de EL PAÍS
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