Del Sahel al Mar Rojo: el nuevo contexto estratégico que empieza a influir sobre el Sáhara Occidental

Durante años, el Sáhara Occidental fue presentado internacionalmente como un conflicto relativamente aislado dentro del Magreb. Sin embargo, los cambios geopolíticos que atraviesan actualmente el norte de África, el Sahel y el Mar Rojo empiezan a situar también la cuestión saharaui dentro de un tablero regional mucho más amplio y complejo.

La creciente militarización africana, la competencia por corredores estratégicos, la expansión de nuevas alianzas militares y el protagonismo cada vez mayor de actores externos como Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Rusia o Israel están transformando profundamente el entorno geopolítico que rodea al Sáhara Occidental.

Un reciente informe del prestigioso think tank alemán SWP (German Institute for International and Security Affairs) advierte precisamente sobre el papel cada vez más agresivo y desestabilizador que Emiratos Árabes Unidos está desempeñando en distintos conflictos africanos, desde Sudán hasta Libia, Somalia o Etiopía.

El documento describe cómo Abu Dhabi ha ido construyendo una extensa red de influencia basada en corredores logísticos, puertos, alianzas militares, apoyo a actores armados locales y control de rutas estratégicas que conectan África con el Mediterráneo y el Mar Rojo.

Aunque el informe no menciona directamente al Sáhara Occidental, resulta difícil ignorar que esta nueva reconfiguración regional afecta también al conflicto saharaui. Especialmente en un contexto marcado por el creciente peso estratégico de Marruecos dentro de las dinámicas de seguridad impulsadas por Estados Unidos, Israel y varias potencias del Golfo.

La importancia geopolítica creciente del Atlántico africano, las rutas energéticas, los proyectos portuarios y las infraestructuras vinculadas al comercio internacional están convirtiendo progresivamente el noroeste africano en un espacio mucho más sensible desde el punto de vista estratégico.

En ese contexto, el Sáhara Occidental deja de percibirse únicamente como una cuestión de descolonización pendiente y empieza a aparecer también dentro de las lógicas de seguridad regional, estabilidad estratégica y competencia internacional por la influencia africana.

El propio Marruecos lleva años intentando consolidar esa lectura. La promoción de megaproyectos económicos en Dajla, el desarrollo de infraestructuras portuarias, la cooperación militar con Estados Unidos e Israel o la creciente integración del territorio ocupado dentro de corredores africanos y atlánticos forman parte de esa estrategia más amplia.

Al mismo tiempo, el Sahel atraviesa una fase de enorme inestabilidad política y militar. Golpes de Estado, presencia rusa, redes armadas, crisis migratorias y rivalidades entre potencias regionales están alterando profundamente el equilibrio africano. El resultado es un entorno donde los conflictos dejan de analizarse únicamente desde el derecho internacional y pasan a interpretarse cada vez más en términos de seguridad, control territorial y estabilidad estratégica.

Ese desplazamiento del lenguaje político resulta especialmente importante en el caso saharaui. Porque cuando un proceso de descolonización empieza a ser leído prioritariamente como una cuestión de seguridad regional, el riesgo es que la autodeterminación quede relegada frente a otros intereses geopolíticos.

La reciente aparición de discursos que intentan vincular al Frente Polisario con dinámicas de inseguridad regional o con amenazas relacionadas con el Sahel refleja precisamente ese cambio de enfoque que algunos sectores internacionales empiezan a impulsar.

Pero el problema jurídico de fondo sigue intacto. Naciones Unidas continúa considerando al Sáhara Occidental un territorio pendiente de descolonización. La MINURSO mantiene oficialmente el mandato de organizar un referéndum de autodeterminación. Y ni la ONU ni los tribunales internacionales han reconocido jamás soberanía marroquí sobre el territorio.

Lo que sí parece estar cambiando rápidamente es el contexto estratégico que rodea el conflicto.

El nuevo escenario africano ya no gira únicamente alrededor de fronteras heredadas o disputas regionales clásicas. Ahora entran en juego corredores comerciales, puertos atlánticos, rutas energéticas, inteligencia militar, presencia israelí, competencia entre potencias del Golfo y control del acceso africano hacia Europa.

En medio de esa transformación, el Sáhara Occidental corre el riesgo de dejar de ser percibido únicamente como un problema de descolonización pendiente para convertirse también en pieza de un tablero geopolítico mucho más amplio.

Y probablemente esa sea una de las grandes claves silenciosas que empiezan a definir la evolución internacional del conflicto saharaui en 2026.

— Carlos C. García