El investigador estadounidense Michael Rubin ha sugerido que Estados Unidos debería reconocer Ceuta y Melilla como territorios marroquíes, una propuesta que refleja el creciente peso del lobby pro-marroquí en algunos círculos estratégicos de Washington.
El analista estadounidense Michael Rubin, antiguo funcionario del Pentágono y actual investigador del American Enterprise Institute, ha reavivado el debate sobre la soberanía de Ceuta y Melilla tras publicar un artículo en el think tank Middle East Forum en el que propone que Estados Unidos reconozca ambas ciudades como “territorios marroquíes ocupados”.
En su análisis, Rubin sostiene que España mantiene en el norte de África lo que considera “los últimos vestigios de su presencia colonial”, argumentando que la soberanía española sobre ambas ciudades sería incompatible con los principios de descolonización promovidos por Naciones Unidas. Según su planteamiento, Washington debería seguir una lógica similar a la aplicada en 2020 por la administración de Donald Trump, cuando Estados Unidos reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.
El investigador propone que una eventual administración estadounidense vuelva a utilizar esta cuestión como herramienta diplomática, sugiriendo que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio podrían “corregir otro agravio histórico” reconociendo formalmente la soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla.
El texto de Rubin se produce en un contexto de creciente tensión política en torno a la posición del gobierno español en varios escenarios internacionales. El analista critica duramente al Ejecutivo de Pedro Sánchez, al que acusa de adoptar posiciones que, a su juicio, entrarían en contradicción con la política exterior de Estados Unidos y algunos de sus aliados.
Más allá de las declaraciones concretas del analista, su propuesta ilustra una dinámica más amplia que diversos especialistas vienen señalando desde hace años: el creciente peso que Marruecos ha adquirido en los círculos estratégicos de Washington, donde distintos centros de análisis —como el Atlantic Council, el Wilson Center, el Carnegie Endowment o el Middle East Institute— han incrementado notablemente sus estudios sobre el país magrebí.
En ese contexto, Rabat ha logrado consolidarse en la narrativa estratégica estadounidense como un socio clave en materias como la lucha contra el terrorismo, la gestión de los flujos migratorios, la cooperación militar y la transición energética, lo que refuerza su posición en los debates geopolíticos que afectan al Magreb y al Atlántico africano.
La aparición de propuestas como la de Rubin muestra también cómo algunos think tanks estadounidenses funcionan como espacios donde se anticipan debates geopolíticos antes de que se traduzcan —o no— en decisiones oficiales de política exterior. En el pasado, análisis publicados en este tipo de plataformas precedieron a movimientos diplomáticos relevantes, como el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020.
En cualquier caso, la soberanía de Ceuta y Melilla sigue siendo una cuestión firmemente defendida por España y reconocida dentro del marco constitucional español, mientras que la cuestión del Sáhara Occidental continúa siendo considerada por Naciones Unidas como un territorio pendiente de descolonización cuyo estatus definitivo debe resolverse mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.
Este tipo de posicionamientos pone también de relieve hasta qué punto la cuestión del Sáhara Occidental se ha convertido en un elemento central de las rivalidades geopolíticas en el Magreb y en el Atlántico africano. En los últimos años, Marruecos ha desplegado una intensa estrategia diplomática y de influencia en distintos centros de análisis internacionales con el objetivo de consolidar su narrativa sobre el conflicto. En ese contexto, propuestas como la de Rubin reflejan cómo el debate sobre el Sáhara Occidental, lejos de limitarse al ámbito regional, se entrelaza cada vez más con los equilibrios estratégicos globales y con las agendas políticas de actores externos.
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