Ciento un niños y niñas saharauis llegarán hoy 6 de julio a Navarra dentro del programa Vacaciones en Paz, procedentes de los campamentos de población refugiada saharaui en Tinduf. El grupo será recibido a las 14.00 horas en el Centro Cívico de Orkoien, en una jornada que coincide con el inicio de las fiestas de San Fermín y el chupinazo en Pamplona.
La llegada ha sido coordinada por la Asociación Navarra Amigos del Sáhara, ANAS, dentro de un dispositivo que cada verano une los campamentos saharauis con familias navarras de acogida. Carol García Pellejeros, voluntaria de ANAS y coordinadora del programa Vacaciones en Paz en Navarra, emprendió el pasado 28 de junio un nuevo viaje a la hamada argelina para acompañar el regreso de los menores, junto a su marido, su hija y su sobrina.
El viaje forma parte de una larga historia de compromiso personal y colectivo. No es solo un traslado organizado, sino el final de un recorrido que empieza mucho antes: en las familias saharauis que preparan a sus hijos e hijas para pasar el verano lejos de los campamentos, en las asociaciones que gestionan documentos y permisos, en las familias navarras que abren sus casas y en una red solidaria que lleva décadas sosteniendo el programa.
Vacaciones en Paz permite que niños y niñas saharauis pasen unas semanas lejos de las duras condiciones del verano en los campamentos de población refugiada. En la hamada argelina, las temperaturas extremas, la escasez de recursos, la dependencia de la ayuda humanitaria y las dificultades sanitarias hacen especialmente difícil la vida durante los meses más calurosos. Para muchos menores, la estancia en Navarra significa descanso, alimentación adecuada, revisiones médicas, contacto con otra realidad y la posibilidad de disfrutar de experiencias cotidianas que en los campamentos no siempre están al alcance.
Pero el programa no puede entenderse únicamente como una iniciativa asistencial. Vacaciones en Paz es también una forma de mantener vivo el vínculo entre Navarra y el pueblo saharaui. Cada llegada recuerda que hay una infancia refugiada que crece lejos de su tierra, que hay familias separadas por el exilio y que la causa saharaui sigue teniendo una dimensión humana concreta, visible y cercana.
La coincidencia con el inicio de San Fermín añade este año una imagen especialmente simbólica: de los campamentos de Tinduf al chupinazo de Pamplona. En medio de la fiesta, la presencia de los niños y niñas saharauis vuelve a recordar que la solidaridad no es un gesto abstracto, sino una relación sostenida entre pueblos, familias y asociaciones.
Según recoge Diario de Navarra, todavía hay menores saharauis pendientes de una familia de acogida, por lo que ANAS mantiene abierta la llamada a nuevas familias que puedan sumarse al programa. La necesidad de acogida muestra también las dificultades crecientes para mantener una iniciativa que exige tiempo, compromiso, organización y recursos, pero que sigue siendo una de las expresiones más visibles y queridas de la solidaridad navarra con el Sáhara Occidental.
Vacaciones en Paz no resuelve la situación de refugio ni la descolonización pendiente del Sáhara Occidental, pero sí pone rostro a una realidad que demasiadas veces queda fuera de la agenda política. Cada niño y cada niña que llega trae consigo una historia familiar, una memoria de exilio y una causa que sigue reclamando justicia.
Fuente: Diario de Navarra.
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