
Guterres propone un “reinicio” de las operaciones de paz de la ONU
El secretario general de la ONU propone un “reinicio” de las operaciones de paz, con mandatos más claros, flexibles y ligados a procesos políticos reales. Aunque no menciona expresamente al Sáhara Occidental, varias de sus preguntas conducen inevitablemente hacia una misión creada en 1991 para organizar un referéndum que nunca se celebró y cuyo alto el fuego dejó de existir en 2020.
António Guterres acaba de plantear una revisión profunda de las operaciones de paz de Naciones Unidas. El mundo, explica, tiene hoy más conflictos, menos acuerdos políticos duraderos, nuevas amenazas y unos recursos cada vez más limitados. Por eso propone abandonar la idea de que una misión internacional puede mantenerse indefinidamente con los mismos instrumentos aunque las condiciones que justificaron su creación hayan cambiado. La ONU habla expresamente de un “reinicio” basado en más diplomacia, mandatos mejor definidos y operaciones capaces de adaptarse a la realidad sobre el terreno.
Guterres resumió uno de los problemas con una frase que inevitablemente invita a mirar hacia el Sáhara Occidental: «No podemos mantener la paz cuando no hay una paz que mantener». El secretario general se refiere de manera general a las operaciones de Naciones Unidas y no menciona expresamente a la MINURSO. Conviene dejarlo claro. Pero pocas misiones permiten comprobar mejor la distancia que puede abrirse entre el mandato con el que una operación fue creada y la realidad en la que termina desarrollando su trabajo.
La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental nació en 1991 para apoyar el Plan de Arreglo aceptado por Marruecos y el Frente POLISARIO. Debía vigilar el alto el fuego y preparar un referéndum que permitiera decidir el futuro político del territorio. Treinta y cinco años después, el referéndum sigue sin haberse celebrado y el propio alto el fuego sobre el que descansaba la misión se quebró en noviembre de 2020. Desde entonces, Naciones Unidas reconoce la reanudación de las hostilidades y la MINURSO centra una parte importante de su actividad en observar la situación militar, reducir tensiones y reclamar el cese de los enfrentamientos.
Eso no significa que la misión haya dejado de tener utilidad. Su presencia continúa funcionando como mecanismo de prevención, mantiene contactos con las partes, realiza tareas relacionadas con las minas y presta apoyo logístico al proceso político dirigido por el enviado personal del secretario general. La propia ONU sostiene que la MINURSO ha contribuido a limitar la escalada desde la ruptura del alto el fuego.
Pero precisamente ahí aparece la pregunta que plantea indirectamente la revisión de Guterres. Si las operaciones de paz deben contar con objetivos alcanzables, mandatos claros, capacidad de adaptación y un proceso político al que acompañar, ¿qué balance debe hacerse de una misión que continúa llevando en su nombre un referéndum que nunca llegó a organizar?
La contradicción es difícil de ignorar. La MINURSO no fue creada simplemente para separar fuerzas o controlar incidentes militares. Su existencia estaba ligada a una solución política concreta. Con el paso de los años, aquella función central quedó paralizada mientras la misión fue adquiriendo en la práctica un papel de contención, observación y prevención de una escalada mayor.
La cuestión resulta aún más pertinente porque el debate sobre el futuro de la MINURSO no está lejano. El Consejo de Seguridad prorrogó en octubre de 2025 su mandato hasta el 31 de octubre de 2026 y pidió además al secretario general una revisión estratégica sobre su futuro mandato teniendo en cuenta la evolución del proceso político.
Por tanto, la reflexión lanzada ahora por Guterres llega cuando Naciones Unidas tendrá que volver a mirar directamente hacia el Sáhara Occidental. No basta con preguntarse si la MINURSO debe continuar otro año. También habrá que preguntarse qué función debe cumplir, qué condiciones políticas necesita para hacerlo y hasta qué punto puede seguir administrándose indefinidamente una situación que nació como provisional.
El problema de la MINURSO nunca ha sido simplemente su permanencia sobre el terreno. Es la distancia creciente entre lo que su nombre promete, lo que su mandato original pretendía y lo que realmente puede hacer treinta y cinco años después.
Guterres pide que las operaciones de paz vuelvan a estar al servicio de procesos políticos reales y no se conviertan en sustitutos de la voluntad de resolver los conflictos. Aplicada al Sáhara Occidental, esa reflexión conduce a una pregunta incómoda pero inevitable: si el referéndum no se celebró, el alto el fuego desapareció y la solución política continúa bloqueada, ¿qué paz está manteniendo exactamente la MINURSO y hacia dónde pretende conducirla Naciones Unidas?
Esa es, precisamente, la pregunta que debería acompañar la próxima renovación de su mandato.
Fuente: Guterres propone un “reinicio” de las operaciones de paz de la ONU