“Tres textos, una sola partitura”: Haddamine Mouloud Said responde a la cobertura de EL PAÍS sobre Marruecos

Haddamine Mouloud Said responde a tres textos de EL PAÍS sobre Marruecos

El jurista saharaui Haddamine Mouloud Said propone leer conjuntamente tres textos publicados por EL PAÍS el 19 de septiembre: una información sobre la alianza de Marruecos con Estados Unidos e Israel, el editorial «La fuerza de Marruecos» y una tribuna de Tahar Ben Jelloun sobre las relaciones hispano-marroquíes. Su análisis sostiene que, colocadas una junto a otra, las tres piezas construyen una secuencia política en la que la creciente capacidad de influencia de Rabat acaba presentada como una realidad ante la que España y Europa deberían acomodarse.

El punto de partida es verificable. El 19 de septiembre EL PAÍS publicó la información de Juan Carlos Sanz «Marruecos sella una entente con EE UU e Israel para apuntalar su peso internacional», centrada en el reforzamiento de la cooperación entre Rabat, Washington y Tel Aviv y en su repercusión sobre el Sáhara Occidental. Leer en EL PAÍS La pieza situaba expresamente el respaldo estadounidense e israelí a la posición marroquí sobre el territorio dentro de ese nuevo escenario diplomático.

A esa información se sumó el editorial «La fuerza de Marruecos», que interpretaba esas alianzas como expresión de un peso internacional creciente de Rabat y las relacionaba con la crisis de Ceuta, las relaciones con Europa y el Sáhara Occidental. Leer «La fuerza de Marruecos» en EL PAÍS. En NOTEOLVIDES ya respondimos a esa lectura en «Hablemos de la “fuerza” de Marruecos… y de sus debilidades».

La tercera pieza fue la tribuna de Tahar Ben Jelloun «España-Marruecos, superar la crisis». En ella, el escritor franco-marroquí cuestiona las críticas a Rabat por la crisis de Ceuta, sostiene que España debe aceptar un mayor “realismo político”, afirma que en 2022 España reconoció que el Sáhara Occidental era marroquí y plantea la cuestión de Ceuta y Melilla desde la reivindicación marroquí. Leer la tribuna de Tahar Ben Jelloun

Es sobre esa sucesión sobre la que Haddamine Mouloud Said construye «Tres textos, una sola partitura. La operación editorial de EL PAÍS sobre Marruecos». Su tesis no consiste en afirmar que Marruecos haya encargado o dirigido esos artículos. El propio autor rechaza dar ese salto sin pruebas. Lo que sostiene es otra cosa: que los tres textos, publicados conjuntamente y relacionados entre sí, construyen un marco editorial coherente en el que primero se expone la fuerza adquirida por Marruecos, después se advierte de las consecuencias de esa fuerza y finalmente se presentan las pretensiones que España debería aceptar.

El Sáhara Occidental atraviesa toda su reflexión. Haddamine cuestiona que la propuesta marroquí de autonomía pueda presentarse simplemente como algo “avalado por la ONU”, rechaza que España reconociera en 2022 la soberanía marroquí y señala, sobre todo, que en ese conjunto de textos numerosos actores hablan sobre el territorio mientras la voz saharaui permanece ausente. Para el jurista, ahí se produce el desplazamiento fundamental: una cuestión todavía pendiente comienza a presentarse como una realidad política consumada.

Publicamos a continuación íntegramente el texto de Haddamine Mouloud Said, ahora a partir del original completo facilitado por su autor a NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL.


Tres textos, una sola partitura

La operación editorial de EL PAÍS sobre Marruecos

Por Haddamine Mouloud Said, jurista saharaui

Hay coincidencias que informan y coincidencias que revelan. El 19 de septiembre de 2026, EL PAÍS publicó, a la misma hora, tres textos sobre Marruecos: una información acerca de la alianza de Rabat con Estados Unidos e Israel; un editorial titulado «La fuerza de Marruecos»; y una tribuna de Tahar Ben Jelloun que exculpa a las autoridades marroquíes por los sucesos de Ceuta, acusa de racismo a la derecha española y propone la devolución de Ceuta y Melilla.

Los tres textos aparecieron al mismo tiempo en El País, se encontraban enlazados entre sí y compartían los mismos ejes políticos: la fortaleza creciente de Marruecos, el apoyo internacional a su pretensión sobre el Sáhara Occidental, la crisis de Ceuta y la necesidad de que España se someta al llamado “realismo político”.

No estamos ante tres páginas que casualmente hablan del mismo país. Estamos ante tres movimientos de una misma partitura.

La información de Juan Carlos Sanz aporta el armazón factual. Estados Unidos, Israel y Marruecos han sellado una entente destinada a reforzar su cooperación internacional. Washington y Tel Aviv respaldan la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental; Marruecos se rearma; la MINURSO pierde efectivos y capacidades; y Rabat amplía su influencia sobre el Estrecho. El mensaje es claro: Marruecos acumula aliados, armas y peso diplomático.

El editorial extrae la conclusión política. Su propio título —«La fuerza de Marruecos»— contiene ya una interpretación. No habla de la presión marroquí, de su estrategia de coerción o de los riesgos derivados de su rearme. Habla de su fuerza. Y describe sus movimientos como muestra de una “calculada habilidad” y de una capacidad diplomática situada “muy por encima de su talla”.

Finalmente, Tahar Ben Jelloun convierte esa descripción del poder en una exigencia dirigida a España. Es hora, escribe, de “rendirse al realismo político”. España debe abandonar sus críticas, superar sus supuestos prejuicios históricos, aceptar la inocencia de Rabat en la crisis migratoria y abrir una negociación para devolver Ceuta y Melilla a Marruecos.

· La noticia dice: Marruecos ha adquirido fuerza.
· El editorial advierte: España y Europa deben tomar nota de esa fuerza.
· Ben Jelloun concluye: deben aceptar sus consecuencias.

La secuencia es demasiado coherente para ser casual. El editorial reconoce que el Parlamento Europeo condenó la “instrumentalización de la migración irregular como herramienta de guerra híbrida”. Reconoce también que la nueva exhibición de la alianza con Estados Unidos e Israel constituye la respuesta de Rabat a esa condena y a la afirmación de Ursula von der Leyen de que “Ceuta es España y Ceuta es Europa”.

Es decir, la Unión Europea acusa a Marruecos de instrumentalizar la migración; Rabat responde mostrando sus alianzas militares y diplomáticas; y EL PAÍS presenta esa respuesta como demostración de fuerza y habilidad.

La coerción queda así transformada en destreza geopolítica. El chantaje deja de juzgarse por su naturaleza y comienza a admirarse por su eficacia. No se pregunta si Marruecos tiene derecho a actuar de ese modo, sino si España posee fuerza suficiente para resistirlo.

El editorial no invita abiertamente a ceder. Hace algo más sutil: construye el clima intelectual en el que la cesión comienza a parecer prudencia. Presenta el poder marroquí como una realidad inexorable y deja que Ben Jelloun extraiga, en la página contigua, la conclusión que el periódico no podría formular directamente.

Esta distribución de funciones es muy conveniente. El editorial conserva un tono institucional y reconoce a Ceuta como ciudad española. Ben Jelloun puede ir más lejos: calificar Ceuta y Melilla de colonias, comparar su situación con Gibraltar y reclamar su devolución. EL PAÍS no asume formalmente esas posiciones porque aparecen bajo la firma de un colaborador. Pero decide publicarlas, destacarlas y rodearlas de otros dos textos que exhiben la capacidad de presión del Estado cuyas reivindicaciones defiende.

No se trata de censurar a Ben Jelloun. Tiene derecho a escribir lo que piensa y EL PAÍS a publicarlo. Lo significativo es la escenografía que acompaña su intervención: primero se enumeran los aliados de Marruecos; después se proclama su fuerza; finalmente se comunican sus pretensiones.

El Sáhara Occidental constituye el hilo más profundo de los tres textos. La información presenta el respaldo estadounidense e israelí a la soberanía marroquí como un avance decisivo. El editorial sostiene que la propuesta de autonomía está “avalada por la ONU”, una formulación jurídicamente muy discutible: que el Consejo de Seguridad considere una propuesta seria o factible como base de negociación no equivale a reconocer la soberanía de Marruecos ni a extinguir el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.

Ben Jelloun completa el desplazamiento cuando asegura que España reconoció en 2022 “que el Sáhara Occidental era marroquí”. Eso es falso. El Gobierno español calificó la propuesta marroquí de autonomía como la opción “más seria, realista y creíble”, pero no reconoció jurídicamente la soberanía de Marruecos sobre el territorio.

Se produce así una progresión cuidadosamente graduada. Estados Unidos e Israel reconocen la soberanía marroquí; la ONU habría avalado la autonomía; España habría reconocido que el territorio es marroquí; y quien se oponga a ese desenlace estaría actuando por prejuicio, racismo, extremismo político o injerencia argelina.

Lo que sigue pendiente de descolonización comienza a presentarse como un asunto ya resuelto. Lo que jurídicamente continúa abierto se convierte periodísticamente en un hecho consumado.

En los tres textos, además, se habla del Sáhara sin escuchar a los saharauis. El territorio aparece como activo estratégico, moneda de cambio, escenario militar o pieza de una alianza internacional. Pero no como la patria de un pueblo titular de un derecho. Marruecos tiene voz; Estados Unidos tiene voz; Israel tiene voz; España, Argelia y la ONU tienen voz. Los saharauis son convertidos en objeto gramatical de una historia que trata precisamente sobre ellos.

La simultaneidad de los tres textos no demuestra, por sí sola, que Rabat los haya encargado o dirigido. Afirmarlo exigiría pruebas que no tenemos. Pero sí permite afirmar algo mucho más inmediato: EL PAÍS decidió construir un conjunto editorial coherente para presentar el ascenso de Marruecos como una realidad geopolítica que España y Europa deben aceptar.

La coordinación interna resulta evidente. Los textos se publican el mismo día y a la misma hora; se enlazan entre sí; repiten los mismos conceptos; distribuyen cuidadosamente sus funciones; y no se acompañan de una tribuna equivalente que defienda la posición saharaui o rebata la reclamación sobre Ceuta y Melilla.

El resultado es una operación narrativa completa. La información proporciona los hechos seleccionados. El editorial establece el marco interpretativo. La tribuna invitada pronuncia las conclusiones más extremas.

· Primero, la fuerza.
· Después, la advertencia.
· Finalmente, las condiciones.

La cuestión no es, por tanto, si EL PAÍS puede publicar a Tahar Ben Jelloun. Por supuesto que puede. La cuestión es por qué decidió convertir su artículo en la última pieza de una composición que presenta el poder marroquí como irresistible, la ocupación del Sáhara Occidental como irreversible y la soberanía española sobre Ceuta y Melilla como negociable.

Una coincidencia habría sido publicar tres textos sobre Marruecos. Una línea editorial consiste en ordenarlos para que cada uno conduzca al siguiente.

Y aquí el orden habla por sí solo: primero se exhibe la fuerza de Marruecos; después se aconseja tomar conciencia de ella; y finalmente se invita a España a rendirse ante lo que esa fuerza reclama.

En Valencia, a 20 de septiembre de 2026
Haddamine Mouloud Said


DOCUMENTO ORIGINAL

Tres_textos_una_sola_partitura_Haddamine_Mouloud_Said_COMPLETO

Fuente: Texto original de Haddamine Mouloud Said, jurista saharaui, remitido a NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL. Fechado en Valencia el 20 de septiembre de 2026.

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