A un día de que el Congreso vote el dictamen sobre la nacionalidad saharaui, el PSOE ha confirmado su apoyo y asegura que Marruecos no condicionará su decisión. Al mismo tiempo, desde el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, diplomáticos y expertos han recordado que ni la energía verde ni los intereses económicos pueden desligarse del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.
9 de septiembre de 2026 | EQUIPO de NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

España llega este miércoles a la víspera de una votación que obliga a mirar hacia una responsabilidad que lleva medio siglo sin resolver. El Congreso decidirá mañana sobre el dictamen de la proposición destinada a facilitar el acceso a la nacionalidad española de los saharauis nacidos bajo administración española y de sus descendientes en los términos previstos por la ley. El PSOE ha despejado una de las principales incógnitas al confirmar que votará a favor y hacerlo además con una frase políticamente significativa: «No nos condiciona lo que piense Marruecos». Quedan por conocer con mayor claridad las posiciones definitivas del PP y de Junts, mientras Sumar y Podemos respaldan la iniciativa y Vox mantiene su rechazo.
Participantes en el seminario «Justicia climática y derechos humanos en el contexto de la ocupación extranjera», celebrado este martes en Ginebra durante el 63.º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. El encuentro abordó la relación entre ocupación, recursos naturales, transición energética y derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Imagen: Sahara Press Service.
La importancia de esta votación no consiste en convertir la nacionalidad española en una solución al conflicto del Sáhara Occidental. No lo es. Reconocer o reparar derechos individuales derivados de la antigua administración española pertenece a un plano distinto del derecho colectivo del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro. Precisamente por eso ambas cuestiones pueden y deben convivir: España puede asumir las consecuencias de su retirada sin pretender que esa reparación sustituya una descolonización que continúa pendiente.
Mientras ese debate avanzaba en Madrid, Ginebra ofrecía este martes otra perspectiva sobre la misma cuestión de fondo. En el seminario sobre justicia climática y derechos humanos celebrado durante el 63.º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, el investigador británico Nick Brooks explicó que la ocupación y el desplazamiento han aumentado la exposición de la población refugiada saharaui a temperaturas extremas, al tiempo que la excluyen de mecanismos internacionales de financiación climática. El representante de Mozambique ante Naciones Unidas insistió en que una transición energética no puede considerarse justa si quienes tienen derechos sobre el territorio quedan fuera de las decisiones sobre sus recursos.
La clausura del encuentro dejó probablemente la formulación más directa. Ubbi Buchraya Bachir recordó que el pueblo saharaui no se opone a las energías renovables, sino a que estas sean utilizadas para consolidar una situación de ocupación. «Las turbinas eólicas no hacen sostenible la ocupación y los paneles solares no legitiman la explotación de un territorio no autónomo», afirmó. El mensaje enlaza con algo que a menudo desaparece detrás de las palabras inversión, desarrollo o transición verde: antes de decidir quién explota el viento, el sol, los fosfatos o la pesca del Sáhara Occidental sigue pendiente responder a una pregunta anterior, quién tiene derecho a decidir sobre ese territorio y sus recursos.
Madrid y Ginebra parecen escenarios muy distintos, pero este martes terminaron hablando de lo mismo. En uno se discute qué debe España a quienes quedaron atrapados en las consecuencias jurídicas de su retirada; en el otro se recuerda que las nuevas formas de desarrollo tampoco pueden construirse ignorando al pueblo saharaui. La nacionalidad puede reparar derechos individuales y la energía renovable puede ser necesaria frente a la crisis climática, pero ninguna de las dos cosas borra la cuestión que permanece abierta desde hace medio siglo: la libre determinación del Sáhara Occidental.
Lecturas destacadas
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