
Durante las próximas semanas escucharemos hablar de autonomía, realismo, hechos sobre el terreno, inversiones, elecciones y una supuesta nueva etapa irreversible. Antes de que ese lenguaje termine sustituyendo a los hechos, conviene conservar algunas referencias elementales: el Sáhara Occidental sigue siendo un Territorio No Autónomo pendiente de descolonización; el pueblo saharaui conserva su derecho a la autodeterminación; existe un conflicto armado entre dos fuerzas y no una violencia surgida de la nada; y ninguna resolución de Naciones Unidas ha reconocido la soberanía marroquí sobre el territorio.
LECTURA DEL DÍA — NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Octubre se acerca y con él volverá una operación que conocemos bien: transformar una posición política en una realidad aparentemente consumada mediante la repetición. Se hablará del “Sáhara marroquí”, de unas “provincias del sur”, de una autonomía presentada como única salida posible y de unas elecciones organizadas por Marruecos como demostración de normalidad democrática. Ayer vimos con claridad cómo Nasser Bourita llevó ese lenguaje hasta la tribuna de Naciones Unidas. Pero Naciones Unidas continúa incluyendo al Sáhara Occidental entre los Territorios No Autónomos desde 1963. Su estatuto definitivo no está resuelto. Esa es la primera referencia que no debería desaparecer durante las próximas semanas.
Tampoco deberíamos aceptar que se hable de las armas saharauis borrando del paisaje el enorme dispositivo militar que sostiene el control marroquí sobre la mayor parte del territorio. El Sáhara Occidental está atravesado por un muro militar de unos 2.700 kilómetros que separa a las fuerzas marroquíes y saharauis. La propia MINURSO recuerda que el alto el fuego se mantuvo hasta noviembre de 2020 y que desde entonces continúa desplegada a ambos lados del territorio, observando los desarrollos y actividades militares de las partes.
Por eso resulta profundamente incompleto presentar al Ejército de Liberación Popular Saharaui simplemente como un actor que “recurre a las armas”, mientras desaparecen de la fotografía el Ejército Real marroquí, sus posiciones militares, el muro, las minas y el control territorial que esas fuerzas sostienen. Ayer lo desarrollábamos en En el Sáhara Occidental no hay una «milicia armada»: hay dos ejércitos frente a frente. Se podrá discutir políticamente la reanudación de las hostilidades, pero no reescribir el escenario: hay dos fuerzas enfrentadas y una de ellas mantiene mediante un gigantesco despliegue militar el control de la mayor parte de un territorio cuyo estatuto internacional sigue sin resolverse. La fuerza puede modificar la realidad sobre el terreno; no otorga por sí misma un título de soberanía.
Algo semejante sucede con el llamado “plan de autonomía”. Marruecos presentó en 2007 un documento oficial ante Naciones Unidas, eso es indiscutible. Pero el propio documento se tituló Iniciativa marroquí para negociar un estatuto de autonomía para la región del Sáhara. Contiene unas líneas institucionales generales, parte de la soberanía marroquí como premisa y deja para una negociación posterior el desarrollo del futuro estatuto. Casi veinte años después, no existe un estatuto de autonomía acordado entre las partes ni aceptado por el pueblo saharaui.
Es importante tener presente que una iniciativa para negociar una autonomía no es lo mismo que un estatuto de autonomía ya existente, y mucho menos una soberanía internacionalmente reconocida. La resolución 2797 tomó la iniciativa marroquí como base de las negociaciones, pero no convirtió esa propuesta en el resultado final ni reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. El propio marco aprobado por el Consejo de Seguridad sigue hablando de una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable que contemple la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental.
Conviene, por tanto, llegar a octubre sin aceptar previamente las conclusiones que otros pretenden que sean el punto de partida. Autonomía no significa soberanía reconocida. Control militar no significa título jurídico. Elecciones organizadas por la potencia que controla el territorio no sustituyen la autodeterminación. Los refugiados no dejan de ser saharauis por vivir fuera de su tierra. Y la existencia del Ejército saharaui no permite borrar de la fotografía al Ejército marroquí que permanece desplegado tras un muro militar que divide el territorio.
Ya advertíamos hace dos días que octubre puede cambiar el tablero, pero no cerrar la descolonización. Ese sigue siendo el punto central. La resolución 2797 ha modificado el terreno político de la negociación, pero no ha hecho desaparecer al pueblo saharaui, no ha convertido el Sáhara Occidental en territorio marroquí reconocido por Naciones Unidas y no ha eliminado la libre determinación del marco aprobado por el propio Consejo.
Mundubat impulsa un manifiesto por la paz, la dignidad y la autodeterminación del pueblo saharaui.
NOTEOLVIDES ya ha firmado. 🇪🇭
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— Carlos C. García (@CarlosSaharaui) September 23, 2026
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