El debate sobre la nacionalidad española para los saharauis ha dado un nuevo giro. Ya no se discute únicamente quién podrá solicitarla, qué documentos serán necesarios o cuándo podría entrar en vigor la ley. Vox ha llevado la cuestión al terreno electoral y pide ahora al PP que la detenga en el Senado. La imagen del saharaui como posible nuevo votante empieza a ocupar el lugar de una historia que comenzó mucho antes de las próximas elecciones.
LA LECTURA DEL DÍA | 16 DE SEPTIEMBRE DE 2026 – EQUIPO NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Hay algo revelador en el debate abierto durante las últimas horas. El Congreso aprobó el texto de la ley de nacionalidad española para las personas saharauis y lo envió al Senado con 168 votos a favor, 31 en contra y 145 abstenciones. Vox fue la fuerza que se opuso y ahora reclama al PP que utilice su mayoría en la Cámara Alta para impedir que la iniciativa continúe. Su argumento político ha incorporado además un elemento especialmente significativo: el supuesto «interés electoral» del PSOE y la posibilidad de que decenas de miles de saharauis se conviertan algún día en ciudadanos españoles con derecho a voto.
Precisamente por eso merece volver hoy sobre [La nueva alarma de Vox: los saharauis, de españoles del Sáhara a una «invasión» de nuevos votantes]. El problema no es que Vox se oponga a la ley: una formación política puede hacerlo y explicar sus razones. Lo preocupante, desde nuestra perspectiva editorial, es el desplazamiento del debate desde la responsabilidad histórica española hacia la sospecha sobre lo que podrían hacer electoralmente quienes obtuvieran la nacionalidad. Se habla de números y de futuros votantes antes incluso de que la ley haya terminado su tramitación, haya sido publicada en el BOE y una sola persona haya obtenido la nacionalidad por esta nueva vía.
Conviene además poner las cifras en su sitio. Las estimaciones de entre 70.000 y 90.000 potenciales beneficiarios difundidas estos días proceden, según Servimedia, de fuentes de Sumar y toman como una de sus referencias el censo español de 1974. No existe, por tanto, una lista oficial de 90.000 personas que vayan a convertirse automáticamente en españolas. La propia ley establece procedimientos individuales, requisitos y acreditación documental. Para entender precisamente esas diferencias acabamos de publicar [NACIONALIDAD SAHARAUI | PREGUNTAS Y RESPUESTAS | ¿Hay que vivir en España para solicitarla y qué pasa con los expedientes abiertos?], segunda entrega de una guía con la que intentamos separar lo que realmente dice el texto de las interpretaciones políticas que empiezan a rodearlo.
Pero hay una cuestión todavía más profunda. El pueblo saharaui no apareció ayer en la política española ni llegó de repente a las puertas del Senado. España administró el Sáhara Occidental, censó a su población y expidió documentación española antes de abandonar el territorio en 1975 sin culminar su descolonización. Reducir ahora a aquellos saharauis y a sus descendientes a una hipotética bolsa de electores significa contemplarlos desde las próximas urnas y no desde una relación histórica que España mantiene pendiente. La nacionalidad individual tampoco resuelve esa deuda colectiva: el Sáhara Occidental continúa siendo un territorio pendiente de descolonización y el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro no desaparece porque algunos de sus miembros puedan llegar a obtener un pasaporte español.
Por eso la discusión que se abre ahora es importante. Podemos debatir el procedimiento elegido por la ley, sus límites, sus beneficiarios o incluso las razones por las que el PSOE cambió una posición anterior. Lo que no deberíamos hacer es convertir a los saharauis en una masa electoral imaginaria y atribuirles de antemano un comportamiento político. La memoria saharaui sobre España, y también sobre los sucesivos gobiernos españoles, es demasiado larga y compleja para reducirla a la idea de que una nacionalidad entregará automáticamente miles de votos a un partido. Antes que hipotéticos electores, son personas pertenecientes a un pueblo al que España dejó hace medio siglo con una descolonización sin terminar.
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La otra realidad que queremos seguir contando: educación, vida cotidiana y nuevas generaciones en los campamentos saharauis.
La Embajada de la República Árabe Saharaui Democrática en México felicita al pueblo hermano de México por el 216° Aniversario de su Independencia.
Reafirmamos nuestros lazos de amistad y solidaridad, recordando a Josefa Ortiz, lideresa de la Independencia mexicana. 🇪🇭🤝🇲🇽@SRE_mx pic.twitter.com/C8bSl1dQrO— Embajada Saharaui en México (@EmbSaharauiMx) September 15, 2026
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El debate sobre la nacionalidad española para los saharauis ha dado un nuevo giro. Ya no se discute únicamente quién podrá solicitarla, qué documentos serán necesarios o cuándo podría entrar en vigor la ley. Vox ha llevado la cuestión al terreno electoral y pide ahora al PP que la detenga en el Senado. La imagen del saharaui como posible nuevo votante empieza a ocupar el lugar de una historia que comenzó mucho antes de las próximas elecciones.