Sáhara Occidental | La misión que sigue llamándose MINURSO: ¿qué queda del referéndum que debía organizar?

Vehículos de Naciones Unidas en el desierto del Sáhara Occidental. Treinta y cinco años después de su creación, la MINURSO continúa desplegada sobre el terreno mientras el referéndum que dio nombre a la misión nunca llegó a celebrarse.

Treinta y cinco años después de su creación, Naciones Unidas mantiene desplegada en el Sáhara Occidental una misión cuyo propio nombre conserva una promesa que nunca llegó a cumplirse. La MINURSO nació para preparar y organizar un referéndum en el que la población del territorio debía elegir entre la independencia y la integración con Marruecos. La consulta nunca se celebró y, mientras el proceso político ha ido cambiando hasta colocar hoy la propuesta marroquí de autonomía en el centro de las negociaciones, la misión continúa recorriendo el desierto bajo las mismas siglas: Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental.

La imagen de un vehículo blanco de Naciones Unidas avanzando por la inmensidad del desierto resume bastante bien una historia que comenzó en 1991 y que todavía no ha terminado. La MINURSO fue creada por el Consejo de Seguridad después de que Marruecos y el Frente POLISARIO aceptaran las propuestas de arreglo impulsadas por Naciones Unidas y la entonces Organización para la Unidad Africana. El plan establecía un período de transición que debía culminar en un referéndum en el que el pueblo del Sáhara Occidental pudiera escoger entre la independencia y la integración con Marruecos. No era una declaración genérica de intenciones: entre las funciones originales de la misión figuraban la identificación y registro de los votantes, la organización de una consulta libre y justa y la proclamación de sus resultados.

El referéndum, sin embargo, nunca se celebró. Las diferencias sobre el censo y las condiciones para realizarlo fueron prolongando un calendario que acabó desapareciendo de la práctica política, mientras la MINURSO permanecía sobre el terreno. Con el paso de las décadas, la misión fue concentrándose en otras funciones: observación de la situación militar, investigación de incidentes, reducción de tensiones, desminado y apoyo logístico al enviado personal del secretario general. Desde la ruptura del alto el fuego en 2020, sus observadores continúan desplegados a ambos lados del muro siguiendo los acontecimientos militares y tratando de limitar el riesgo de una escalada mayor. La propia MINURSO reconoce hoy, sin rodeos, que el referéndum para el que fue creada nunca tuvo lugar.

Eso no convierte a MINURSO en una misión inútil. Su presencia mantiene una capacidad internacional de observación en un territorio dividido y nuevamente sometido a hostilidades, permite investigar incidentes y conserva un canal operativo con las dos partes. Pero sí plantea una contradicción que se vuelve especialmente visible treinta y cinco años después: la misión continúa llevando en su nombre el objetivo político que justificó su despliegue mientras ese objetivo ha desaparecido, al menos por ahora, del horizonte inmediato de Naciones Unidas. Lo que nació como una operación para conducir hacia una consulta de autodeterminación funciona actualmente, sobre todo, como un mecanismo de contención y prevención del conflicto.

La contradicción adquiere todavía mayor importancia después de la resolución 2797. El Consejo de Seguridad ha dado un peso muy superior a la propuesta marroquí de autonomía y ha establecido que las negociaciones podrían desarrollarse tomándola como base, pero no ha declarado resuelto el estatuto del Sáhara Occidental. La misma resolución reafirma la búsqueda de una solución política justa, duradera y aceptable para las partes conforme a la Carta de Naciones Unidas y al principio de libre determinación, mientras mantiene las consultas entre Marruecos, el Frente POLISARIO, Argelia y Mauritania. Al mismo tiempo, el Consejo prorrogó hasta el 31 de octubre de 2026 el mandato de una misión que continúa denominándose oficialmente MINURSO.

Las declaraciones realizadas esta semana por Massad Boulos en France 24 ayudan precisamente a separar el cambio de escenario diplomático de la idea de que la cuestión ya esté resuelta. Estados Unidos defiende abiertamente la autonomía bajo soberanía marroquí, pero su propio enviado reconoció que tres rondas de conversaciones no han conseguido una solución mutuamente aceptable, que Washington sigue esperando las observaciones del Frente POLISARIO y que no existe por ahora una solución inminente. NOTEOLVIDES analizó esas declaraciones y también el contraste entre lo que reconoce Boulos y el relato presentado por Nasser Bourita: la propuesta marroquí ha ganado terreno, pero ganar terreno no equivale a haber alcanzado un acuerdo.

Ahí es donde el nombre de MINURSO recupera todo su significado. No porque Naciones Unidas esté preparando actualmente aquel referéndum diseñado hace treinta y cinco años, sino porque sus siglas recuerdan que el estatuto definitivo del territorio sigue sin haber sido acordado. El Sáhara Occidental continúa además incluido por Naciones Unidas entre los Territorios No Autónomos desde 1963, una clasificación que tampoco ha desaparecido como consecuencia de las sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad. Cuando Pedro Sánchez habló recientemente en Harvard de una «región autónoma dentro de Marruecos» al explicar la posición de Naciones Unidas, NOTEOLVIDES señaló la distancia entre esa formulación y el contenido de la resolución 2797.

Treinta y cinco años después, por tanto, la paradoja permanece. El referéndum para el que se creó MINURSO nunca llegó a celebrarse, pero tampoco ha aparecido una solución definitiva aceptada por las partes que permita considerar cerrado el problema que debía resolver aquella consulta. Naciones Unidas mantiene una misión sobre el terreno, el Consejo de Seguridad continúa renovando su mandato, el Frente POLISARIO y Marruecos siguen formando parte de un proceso negociador y el enviado estadounidense que impulsa la opción de autonomía reconoce que todavía no existe acuerdo ni solución inmediata. El pequeño vehículo blanco que atraviesa el desierto no es la imagen de una misión sin función, pero sí la de una cuestión que lleva demasiado tiempo desplazándose sin llegar al destino que justificó su nacimiento.

Por eso, cuando desde algunos discursos políticos se presenta el futuro del Sáhara Occidental como si ya estuviera definitivamente decidido, basta con volver a leer las cuatro palabras que forman el nombre oficial de MINURSO. Una misión creada para un referéndum que nunca tuvo lugar continúa desplegada porque el problema político que debía contribuir a resolver tampoco ha desaparecido. Treinta y cinco años después, quizá la pregunta no sea únicamente qué queda de aquel referéndum, sino qué solución puede considerarse definitiva mientras siga faltando el acuerdo que debía sustituirlo.

Fuente: Naciones Unidas / MINURSO.

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